NUEVA YORK. Más allá de Manhattan: Brooklyn y El Bronx
Vibrante y cambiante, disparatada y única; intensa, pero con alma; nunca te cansas de visitar Nueva York y, lo que es aún mejor, siempre queda alguna excusa para volver.
En esta ocasión hemos ido más allá de Manhattan para descubrir lo que algunos de sus distritos tienen que ofrecernos. Brooklyn se nos presenta con la mejor de sus sonrisas tras su histórico puente y El Bronx como uno de los vecindarios más verdes de la urbe
La Gran Manzana, el sobrenombre más conocido de Nueva York, es una de las ciudades más impactantes del planeta. La primera sorpresa con la que te encuentras es que todo te resulta familiar. ¿Habré estado antes y no lo recuerdo? Sin duda “no” de forma corpórea, pero cuando cada mirada alrededor se convierte en un fotograma, la duda se disipa; son tantos los rollos de película que se han filmado por las calles, avenidas, rascacielos y medios de transporte neoyorquinos que te parece reconocer todos y cada uno de los rincones de la urbe.
Pero situémonos en primer lugar: Nueva York se divide en cinco grandes barrios –por denominarlos de alguna manera, ya que podrían perfectamente constituir entes independientes–. El más conocido es Manhattan, que se sitúa sobre una isla y suele ser el lugar donde los turistas aterrizan en su primer viaje. Junto a él, opacados por el brillo de sus neones, lo rodean Queens, Brooklyn, El Bronx y Staten Island.
Rememorando su nacimiento
El origen de esta ciudad lo hallamos en un grupo de inmigrantes holandeses –de hecho su anterior nombre fue Nueva Amsterdam– que llegaron al sureste de Manhattan en 1623. El carácter comercial propio de estos colonos quedó marcado para siempre, a pesar de que la corona británica tomase posesión del asentamiento unas décadas después y de que el duque de York le cambiase el nombre. En una incursión a Manhattan no deben faltar las visitas culturales, las de ocio y diversión. Puede comenzar a primera hora haciendo ejercicio en Central Park, para después dirigirse a una de las pinacotecas más interesantes: el MET, el museo de Arte Contemporáneo. Tras disfrutar de su colección permanente y exposiciones temporales, las tiendas ya estarán en plena efervescencia. La Quinta Avenida no le defraudará ni las galerías de alta costura de Madison Avenue. Si se le ha abierto el apetito puede optar por degustar una comida típica americana o simplemente dirigirse a saborear un plato italiano en Little Italy o unos rollitos de primavera, en Chinatown. El ambiente de estos dos barrios, cuyas calles se mezclan en muchos puntos le hará dudar si sigue en Nueva York. Toda la zona es un gran bazar donde comprar las mejores imitaciones del mundo. Al atardecer le aguardan dos grandes rascacielos para ofrecerle la mejor panorámica que pueda imaginar: Top of the Rock –con un pequeño museo temático in situ– en el Rockefeller Center y el Empire State. Reserve un poco de energía para la noche porque la Gran Manzana cobra una vida especial al ocaso.
Cuando cae el telón del crepúsculo se levanta el de los teatros de Broadway y de todo tipo de espectáculos en locales y discotecas. Quizás una sesión de jazz en Harlem le haga engancharse a esta ciudad, aunque dudamos que no lo haya logrado desde el principio.
Prohibida la nostalgia en Brooklyn
Una vez que Manhattan nos haya empujado a rememorar lo mejor del celuloide ha llegado el momento de ir más allá, de descubrir otro lugar que le mira de frente sin complejos: Brooklyn.
La mejor forma de acceder hasta allí es cruzando el famoso puente de Brooklyn, una gran obra de ingeniería que se terminó de construir en 1883. Tanto de día como de noche, la vista es espectacular, además es de los pocos puentes que priorizan el paso de caminantes y ciclistas. Este distrito, desde hace ya unos años, se siente deseado por los neoyorquinos y, cada vez más, ve incrementado el número de personalidades que opta por vivir lejos de rascacielos y neones. La mayoría de los turistas en su primer viaje a Nueva York sólo pisan Brooklyn para disfrutar de la panorámica del skyline desde el otro lado del río, se hacen unas fotografías en el mítico puente y realizan una corta incursión en Coney Island. Sin embargo, es una pena que estando tan cerca se queden con una visión tan parcial, así que comencemos también, en este lugar, por el principio.
Si alguien se pregunta por su nombre debe saber que proviene de la derivación del nombre de la ciudad holandesa de Breukelen; así la bautizaron sus colonizadores en 1620 por su parecido con la primera, ya que ambas contaban con un pequeño pantano. Tras el primer asentamiento, la población creció y creció hasta que en 1860 llegó a constituirse como la mayor ciudad de América y actualmente ocupa el primer lugar entre los cinco distritos que componen New York City, con 2,6 millones de habitantes. De hecho hay quien asegura que uno de cada siete norteamericanos tiene sus raíces en él.
Sus principales barriadas son Dumbo, Brooklyn Heights, Cobble Hill, Carroll Gardens, Park Slope, Red Hook, Fort Greene y Williamsburg.
Parques, jardines y Arte
Le sorprenderá pasear alrededor de Grand Army Plaza ya que, desde el centro, se divisan grandes avenidas y espacios abiertos. En su núcleo se alza un gran arco del Triunfo –recuerda al de París– que homenajea a los defensores de la Unión en la Guerra Civil. Es esta la gran puerta que da paso a uno de los grandes lujos y motivo de orgullo de los vecinos, desde hace más de un siglo: el Prospect Park. La plaza es también el escenario del segundo mayor mercado al aire libre de la ciudad de Nueva York. Cada sábado se dan cita pintorescos tenderetes donde se exhiben hasta 600 variedades de frutas, verduras, pan recién hecho, lácteos, licores caseros y todo lo que pueda imaginar.
Frederick Law Olmsted y Calvert Vaux, artífices de la creación del espacio natural de Prospect Park, lo consideraron el summum de su obra ya que perfeccionaron su anterior trabajo: el Central Park, de Manhattan. Se trata de la mayor área verde de la urbe, donde tiene cabida: Long Meadow, que es una inmensa pradera –con 36 hectáreas–; Picnic House, con oficinas y un gran hall para fiestas; Litchfield Villa, Prospect Park Zoo, Audubon Center Boathouse –donde le proveerán de toda la información necesaria– y un antiguo carrusel de 1912 –por sólo 1,50 dólares recordará su niñez–. Es un auténtico ensueño pasear por sus senderos, practicar algún deporte en los grandes prados –dispone de siete campos de béisbol–, los románticos estanques y sauces del Vale of Cashmere, el Oriental Pavilion y el Concert Grove. Incluso resultaría interesante visitar el cementerio de Quaker Hill, donde yace el actor Montgomery Clift.
Si el paseo por este gran parque le ha sabido a poco aún se puede completar con otra visita sorprendente al Brooklyn Botanic Garden (el Jardín Botánico). Fue denominado por el New York Times como “el primer atractivo horticultural de la región” y no se quedaron cortos. Está formado por los más exquisitos tipos de jardines de la historia. En su recorrido no olvide caminar por el jardín japonés, visitar la galería de exposiciones y el Celebrity Path, donde se recuerda a los vecinos más distinguidos del área: Harry Houdini o Woody Allen. El momento perfecto para acercarse es cuando florecen los cerezos –a principios de mayo– denominado Sakuri Matsuri. Además de disfrutar de este espectáculo que nos regala la Naturaleza, se realizan paralelamente otra serie de eventos como el concierto de tambores taiko. Contemple la opción de realizar un circuito guiado –sólo fines de semana– para disfrutar de sus más de 12.000 plantas.
Cerca del jardín se encuentra el Brooklyn Museum of Art, una de las mayores pinacotecas del país, cuya colección permanente asciende a más de un millón de objetos.
Un relajado paseo urbano
Tras esta sobredosis natural, la civilización y la cultura llaman a nuestra puerta y nos dirigimos a Brooklyn Heights, un barrio que conserva el sabor de antaño cuyo valor fue reconocido con la declaración de patrimonio histórico. Su silueta urbana debió ser la tónica general en el siglo XIX, pero ahora nos sorprende cuando se compara con la arquitectura moderna. Puede que en sus comienzos todo Nueva York transmitiese ese sosiego que se percibe en sus calles. Las casas decimonónicas no son uniformes en cuanto a estilo arquitectónico, se mezclan al azar las figuras góticas victorianas, románicas, neoclásicas, italianas, etc. El único inconveniente que podríamos encontrar a este lugar son sus altísimos precios inmobiliarios. En sus inicios estuvo habitado por profesionales liberales que buscaban un ambiente más tranquilo donde vivir o desarrollar sus labores creativas. Algunos de los que estimularon su ingenio en estas calles arboladas fueron Truman Capote que escribió Desayuno en Tiffany’s –en el 70 de Willow Street– y Thomas Wolfe, con Del tiempo y el río –en el 5 de Montague Terrace–.
Con un especial encanto nos sorprende Park Slope, donde las entradas de las viviendas, de escasa altura, cuentan con un denominador común: una escalinata acompañada de porches donde, además de enredaderas y flores, puedes imaginar las voces de los niños riendo y jugando. Es un placer y una sorpresa pasear por estas vías porque cada nueva casa te sorprenderá más que la anterior.
Una de las principales avenidas del barrio es Montague St. donde propios y foráneos se suelen dar cita a mediodía para degustar una sabrosa comida en sus variados restaurantes. Y si lo suyo es la moda descubrirá innovadores tiendas y estilos en Bedford Avenue (Williamsburg) y en la Séptima Avenida (Park Slope).
Coney Island y Brighton Beach
Las familias tienen la diversión asegurada si visitan el museo de los Niños, el Acuario de Nueva York –célebre por sus ballenas beluga, delfines, tiburones y morsas– o se dirigen al parque de atracciones de Coney Island, que aunque venido a menos, aún se permite subir a la famosa montaña rusa de madera Cyclone. Por supuesto, aquí se debe comer el conocido “Coney Island Hot Dog” en el Nathan's original –en la esquina de Surf y Stillwell Avenues– un establecimiento que lleva sirviéndolos desde hace casi un siglo. Si lo visita en junio puede que coincida con la divertida Mermaid Parade, el festival de las sirenas.
Si se desplaza hasta aquí aproveche para conocer Brighton Beach, cuyo sobrenombre es Little Odessa por su amplia población rusa. Aquí encontrará un excelente caviar, otros productos típicos en los supermercados, buenos restaurantes y una agradable playa donde darse un chapuzón.
El Bronx, todo un descubrimiento
Su nombre proviene del primer colonizador de este área, el sueco Jonas Bronck y se extiende desde la parte noreste de Manhattan –cruzando el río Harlem– hasta los límites del condado de Oestechester.
Es el único distrito que forma parte del continente y uno de los que con sólo mencionarlo se capta la atención del interlocutor. La imagen de pobreza y marginación que normalmente transmitía parece estar cambiando y cuando lo visitas compruebas que es ciertamente exagerada. Aparte de por el tema de la inseguridad sólo se conoce El Bronx porque es donde se ubica el estadio de los Yankees –la cancha deportiva de uno de los equipos de béisbol más carismáticos– y donde también nació el hip-hop. Sin embargo, también fue el lugar de residencia de literatos como Edgar Allan Poe –se puede visitar la modesta casita que habitó a mediados del siglo XIX–.
Si bien, procura liberarte de prejuicios y muéstrate dispuesto a la sorpresa. En una visita de una jornada no puedes dejar de conocer la Little Italy de El Bronx que se extiende por Belmont y Arthur Avenue. Este vecindario surgió tras la llegada de miles de inmigrantes italianos que construyeron un nuevo hogar, lo más parecido a su tierra, plantaron sus raíces basándose en la familia, la iglesia, la casa y el trabajo. Otro importante vínculo que los mantenía unidos a su patria era el gastronómico, por lo que era común encontrar pequeños puestos y vendedores ambulantes por las calles. Para evitarlo, en 1940, el alcalde Fiorello Laguardia construyó el Mercado Cubierto de Arthur Avenue. Aquí se revive el ambiente típico de estos centros: las voces de los vendedores se entremezclan con la de los clientes y el aroma de los embutidos, los quesos, el pan recién horneado, el café e incluso las especias pulula por todos los rincones abriendo el apetito. Si sales a la calle aún se encuentran pequeños comercios que venden también excelentes productos con los que cualquier comida se convertiría en un manjar. Además de hacer la mejor compra en la zona, también se deberían probar los fantásticos restaurantes italianos de la zona. Algunos están regentados por antiguas familias donde aún la mamma es la que gestiona los locales, aunque otros se han ido volviendo más sofisticados, sin que por ello merme la calidad culinaria.
Tras disfrutar de este pedacito de Italia neoyorquino les recomendamos conocer otros grandes hitos de El Bronx: el Zoo con más de 3.600 animales –el mayor, de carácter urbano, de EEUU– y el sorprendente Jardín Botánico de Nueva York –creado en 1891 a imagen y semejanza de los Royal Botanical Gardens (Kew Gardens) de Londres–. Ocupa un amplísimo espacio de 250 acres de terreno donde alberga 27 jardines cubiertos, un bellísimo pabellón de cristal, la rosaleda de Peggy Rockefeller, etc. y una multitud de senderos que conducen a lugares secretos donde descansar del ajetreo cotidiano.
Aparte de este gran pulmón, los habitantes de El Bronx cuentan con inmensos parques como Van Cortland, Wave Hill –con buenas vistas al río Hudson y una antigua mansión que albergó a Mark Twain, Theodore Roosevelt y Arturo Toscanini– y Pelham Bay. Este último es tres veces mayor que el Central Park y en él se pueden practicar diversos tipos de deportes, asistir a conciertos e, incluso, darse el gusto de bañarse en el litoral atlántico que ocupa Orchard Beach.
Desconocemos si este distrito llegará a constituir un vecindario que atraiga a multitudes, aunque los precios de la vivienda sean más atractivos que en otros lugares y la comunicación con Manhattan bastante rápida, pero lo que sí es seguro es que ya está atrayendo a infinidad de personas interesadas en la buena mesa. Sería difícil equivocarse si se elige un restaurante de la Arthur’s Avenue. Si no se decide consulte la guía de restaurantes de Zagat y le recomendarán pizzerías y tratorias como Roberto’s Restaurant –en 603, Crescent Av–, Dominick’s –2327 Arthur Av–o Mario’s –2342 Arthur Av– que de hecho aparece en la serie Los Sopranos–.
Con el mejor sabor de boca nos despedimos de Nueva York habiendo disfrutado del ritmo frenético de Manhattan, de la candidez decimonónica de Brooklyn y la exquisitez botánica y gastronómica de El Bronx.
CÓMO LLEGAR
Entre las líneas aéreas que realizan el trayecto desde España a Nueva York se encuentra Continental Airlines. La única que opera con un hub en el área metropolitana neoyorquina. Ofrecen traslados al corazón de Manhattan en helicóptero a la llegada (sólo tarda 8 min). Tel. 900 961 266, www.continental.com
DOCUMENTACIÓN
Para poder entrar en EEUU es necesario un pasaporte de lectura mecánica y un formulario de exención de visado (se distribuye a bordo del avión) o un visado.
IDIOMA Y MONEDA
El idioma oficial es el inglés “americano” con algunas variantes del británico. Aunque la comunidad hispana es muy amplia y casi puede hacerse entender en cualquier lugar. La moneda de curso legal es el Dólar americano. 1 Euro equivale a unos 1,40 Dólares.
CÓMO MOVERSE
El Metro es la opción más rápida y barata. (www.mta.info y www.hopstop.com). La misma MetroCard es válida para los autobuses (los transbordos son gratuitos durante 2 horas). Una tarjeta de 1 día le sale por 7 dólares y la de 1 semana por 24. Se adquieren en las máquinas del Metro, oficinas de turismo, hoteles, etc.
DÓNDE ALOJARSE
• New York Marriot East Side. Es uno de los hoteles con más historia de la cadena, diseñado por Arthur Loomis Harmon –que colaboró en el Empire State Building– y recientemente reformado. Su buena ubicación en Lexington Av. lo convierten en una apuesta muy acertada. Tel. 1 800 242 8684, www.marriott.com
• Intercontinental Barclay New York. Excelente y bien situado hotel a un paso de Madison Avenue y Fifth Avenue. Su trayectoria histórica se remonta a 1926 pero ha sido renovado en varias ocasiones. East 48thSt. Tel. 1 212 755 5900, www.intercontinental.com/newyork
QUÉ Y DONDE COMER
Una visita a la Gran Manzana conlleva la degustación de la comida típica: una buena hamburguesa acompañada de patatas fritas. Existen locales donde las sirven exquisitas como en Corner Bistro (cornerbistro.ypguides.net). También es indispensable probar la tarta de queso al estilo neoyorquino –si se acerca a Lindy’s probará una de las mejores–. Como en toda gran ciudad cuentan con magníficos restaurantes de cocina internacional y con un amplio rango de precios.
• Pangea. Restaurante del East Village que ofrece menús americanos con influencias mediterráneas y asiáticas. Una buena elección. 178, 2nd Avenue. Tel. 1 212 995 0900, pangeanyc.com
• The Waverly Inn & Garden. Local de moda en el West Village cuyo propietario es el director de Vanity Fair. 16 Bank St. Tel. 1 212 243 79 00
• Carnegie Deli. Para los que más disfrutan comiendo le sugerimos pedir un sandwich Woody Allen y tarta de queso. El reto es acabárselo. 854, 7ª Av. con la 55. www.carnegiedeli.com
• Allen & Delancey. Nuevo local en el Lower East Side. Menú americano informal pero sofisticado donde priman los sabores y texturas. Tel. 1 212 253 54 00, www.allenanddelancey.net
QUÉ COMPRAR
Teniendo en cuenta que el dólar en este momento se sitúa a un cambio excelente frente al Euro es buen momento para comprar cualquier producto. Especialmente ropa de firma americana, electrónica y productos de belleza.
PARA TOMAR NOTA
• The Metropolitan Musem of Art (MET). Consulte exposiciones en metmuseum.org
• Top of the Rock. En el Rockefeller Center a 260 m. nos sorprenden unas impresionantes panorámicas desde sus terrazas o mirador cubierto. www.topoftherocknyc.com
• Empire State Building. Los atardeceres desde su azotea son ya todo un clásico por sus increíbles vistas. www.esbnyc.com
• Jardín Botánico de Nueva York. Aprende, descubre y explora son los tres lemas por los que se rige este lugar. www.nybg.org
• Las rutas del Tranvía del Bronx. Tours gratuitos para descubrir los atractivos de este barrio. www.bronxtrolley.com