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CÓRDOBA. Más allá de la Mezquita

Hay lugares que tienen el listón muy alto para continuar sorprendiendo. A Córdoba le pasa algo de eso. La ciudad ha conservado edificios apabullantes y rincones que transportan a otra época. Por algo es Patrimonio de la Humanidad. Pero no se conforma con vivir de las rentas y sigue creando maravillas para el disfrute de todos.


Hay lugares que tienen el listón muy alto para continuar sorprendiendo. A Córdoba le pasa algo de eso. La ciudad ha conservado edificios apabullantes y rincones que transportan a otra época. Por algo es Patrimonio de la Humanidad. Pero no se conforma con vivir de las rentas y sigue creando maravillas para el disfrute de todos. Por lo que hemos visto, podemos decir que Córdoba se ha superado...

Por Óscar Checa y Juanjo Isidro (Edición impresa de Revista Viajeros
)


Por la calle del Viento sopla la brisa desde la ribera del Guadalquivir que da gusto. Desde luego el nombre le va perfecto, mucho mejor que Ronquillo Briceño, que es como se llama hoy en honor a un antiguo corregidor de la ciudad. En esta costanilla, discreto, está ubicado el hotel Viento 10 (imagen inferior). Como se ve, Gerardo, el propietario, también prefiere el antiguo apelativo. Y, por mi parte, después de recorrer y disfrutar cada uno de sus rincones, anoto en mi Moleskine, que sí, que el nombre también le va perfecto: el viento como símbolo de renovación, como alegoría de los espacios puros, como atributo de la inspiración, como espíritu nómada... Todo esto se siente aquí, en un lugar que combina una arquitectura de líneas netas con elementos sinuosos, mobiliario de diseño con ambientes etéreos, y que sigue estando unido a la esencia de la ciudad. Es un buen ejemplo de la nueva Córdoba y unos entornos que evidencian el flujo del siglo XXI corriendo bajo su piel romana, judía, cristiana, árabe y patrimoniounesca.

Así ocurre en el Balcón de Córdoba (Ab. Izq.), otro hotel recién abierto, y su entramado de patios, galerías y terrazas a modo de micro universo. Aquí también la luz juega un papel fundamental, y la armonía de colores, formas, texturas y materiales consigue crear una particular atmósfera de serenidad. Es curioso: uno tiene la sensación de estar en un lugar descaradamente cordobés pero cada rincón o recoveco hace pensar en una latitud mediterránea cualquiera. Y es que, si para el viajero auténtico la visita de esta capital tiene siempre un lado revelador y místico, este nuevo espacio lo hará más patente todavía. El mismo efecto puede llegar a tener la visión del AC Palacio de Córdoba (Ab. Dcha.). Para muchos tal vez sólo sea una mole de hierro oxidado pero yo veo ahí una grandiosa celosía vanguardista, la versión actual de aquellas que encontramos en cualquier ventana de las calles antiguas, a sólo unos pasos, o en la propia Mezquita-Catedral guardando los grandes arcos que comunican con el patio de los naranjos.

 


Arquitectura con premio

El entramado que cubre la fachada de ese hotel es de acero corten, un material cuya composición química hace que su propia oxidación lo proteja de la corrosión atmosférica y cuyo color varía de tonalidad a lo largo del tiempo, incluso según la estación del año. Lo volvemos a encontrar en el Museo de Madinat al-Zahra (imagen inferior ©Fundación Turismo Córdoba), aunque aquí lo que predomina es el hormigón, de color blanco. Este edificio perfectamente integrado en el paisaje, semi enterrado, como está aún la ciudad fundada por Abd al-Rahman III, es la antesala de la visita al conjunto arqueológico situado en la ladera de la colina. Para comprender este es muy aconsejable visitar aquel, con su exposición permanente, su sala audiovisual, su biblioteca y los almacenes y talleres de restauración, documentación e investigación. En 2010 recibió el Premio Aga Khan de Arquitectura, por lo que el continente, tanto como el contenido, bien merece una dedicación atenta.


Es muy de agradecer que los museos se adapten a nuevas épocas y nuevas formas de ver y aproximarse al saber. El Museo Arqueológico es otro ejemplo más. Su ampliación ha abierto las puertas con la exposición Córdoba, encuentro de culturas, perfecta para situarnos históricamente en el lugar que ahora recorremos, con su muestra de objetos de arte o cotidianos desde la Prehistoria hasta la Baja Edad Media. Aunque el verdadero encuentro es el que se produce entre la tecnología utilizada en el proceso museográfico y las obras expuestas, teniendo como nexo de unión cada uno de los visitantes.

Muchos de los que pasan por el museo anterior también lo hacen por otro lugar diametralmente opuesto, el Centro de Arte Pepe Espaliú. Aquí, el arte contemporáneo sacude a quien pasea por las salas de esta antigua casa restaurada siguiendo un concepto arquitectónico moderno. Las obras de Espaliú, cargadas de simbolismo y expresividad, son como imanes para nuestros ojos y mentes, una sensación acentuada por el hecho de ser este un lugar del todo inesperado en mitad de calles y edificios llenos de tipismo. Lo mismo pasa cuando, siguiendo el curso del río, nos topamos con la silueta blanquísima del Espacio Andaluz de Creación Contemporánea, conocido como C4. Todavía no está acabado pero será el escenario de todos los aspectos creativos relacionados con el arte contemporáneo, desde la producción y la investigación a la difusión y exhibición. El edificio en sí es ya un hito de la arquitectura contemporánea nacional.

Bocados de diseño
 
La evolución arquitectural ha ido acompañada de la evolución en el yantar. Las tabernas y los platos que han modelado una de las facetas de la imagen y el carácter de la ciudad también se han transformado... ¡y con qué acierto! Bodegas Campos, todo un clásico, ha abierto Pick&Stay, una versión moderna de un patio cordobés cuya carta gira en torno a los productos ibéricos de Los Pedroches. Mesas altas (de madera de encina), taburetes y barras para dar dinamismo y ambiente.

Por su parte, Bodegas Mezquita ha creado Ziryab, una taberna gastronómica que ofrece nuevas interpretaciones de las tapas tradicionales (impresionante, la ensaladilla...), como siguiendo el ejemplo del personaje del que toma su nombre, que cambió profundamente los hábitos en la cocina andalusí.

Las ideas no faltan, y si no, que se lo pregunten a Juan Luis Santiago, dueño y cocinero de Garum 2.1. Dejó de estudiar Derecho y comenzó a trabajar en los establecimientos del Grupo Mandoble hasta que, un buen día, se animó a abrir su bistronómic tapas bar, revolucionando el arte de tapear y los sabores de Córdoba. Tanto la cocina como el ambiente son exquisitos: atrevidos, originales, simpáticos, cercanos, sin artificio pero refinados, generosos en las raciones, divertidos y nada caros.

Y otro ejemplo que no se puede pasar por alto es El Choco. Kisko García, una de la personas más serenas, sólidas, seguras de sí mismas, amables y sencillas que te puedas encontrar, lleva tiempo en los fogones de este restaurante familiar situado en el barrio de la Fuensanta. Dice que él, sin perder de vista la tradición, hace una cocina de hoy, buscando productos en la alacena del Guadalquivir y de la sierra para llevar Córdoba a la mesa. Se nota que disfruta con lo que hace, por eso, la reciente estrella Michelin no le ha afectado: “esto no es un negocio, es mi casa, y todo tiene un porqué y un sentido”, agrega.

Por nuestra parte, un par de recomendaciones más antes de terminar. La Estación, un atractivo establecimiento de diseño vanguardista que ofrece restaurante, bar, terraza (muy concurrida) y club de gintonics. Y junto al río, el Sojo Café Ribera, un enorme y divertido pub con espectacular terraza (sobre todo en verano no os la perdáis) donde también hacen conciertos y se puede desayunar, merendar y tomar la primera copa. Y a solo unos metros, junto a la plaza del Potro, acaba de abrir  Fusión by Sojo (Imagen Arr. Izq.), con estética parecida y una terraza que apostamos será uno de los lugares más concurridos  esta primavera y verano.

En la Guía Práctica de Córdoba encontrarás otras referencias novedosas e imprescindibles en esta ciudad. No te las pierdas. Y si deseas realizarnos alguna consulta respecto a este artículo puedes ponerte en contacto con la revista Viajeros en Twitter o Facebook. Muchas gracias!

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