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BARCELONA Y EL MODERNISMO

Barcelona quizás sea una de las ciudades más idóneas para una escapada de fin de semana. Próxima a casa y con buenas comunicaciones, acercarse a ella es tarea fácil. El hecho de que reciba cada día a multitud de viajeros le otorga un saber hacer nada desdeñable. Y por encima de todo esto, su versatilidad, un menú tan completo que es harto extraño que no satisfaga, sea como sea, a quien decida visitarla.

Texto y fotos: Jordi Jofré (Revista Viajeros)

 


Se encuentra usted, lector, en la sección España de la edición digital de la Revista Viajeros. Aquí tratamos de sugerir e inspirar ideas para escapadas cortas. Y la capital catalana es perfecta para ello. Es una urbe –abrumadora y seductora, sin duda alguna– que tiene tanto que ofrecer que es mejor abordarla por partes. Tratar de entenderla de golpe y porrazo marea y puede confundir. Disponemos de dos –o con suerte tres– días para que nos vuelva a encandilar y no debemos perder el tiempo. Nuestra propuesta para esta ocasión: el modernismo, las fantasías hiperbólicas de Gaudí y compañía. A pesar de tener que obviar unas cuantas virtudes, quizás demasiadas, créanme, es una opción interesante para disfrutar del fin de semana en Barcelona.

La fuerza del modernismo

Tal fue la influencia y desarrollo del modernismo en Barcelona que el visitante puede sentirse abrumado ante la lista de deberes que se le presenta por delante. Es por ello que merece la pena tomárselo como una carrera de fondo, más que como unos 100 metros lisos. Si es su primera visita, imprescindible es acercarse a la Sagrada Familia y… simplemente dejarse llevar por su influjo embriagador. Es la gran obra maestra de Gaudí –incompleta todavía–  y donde pudo poner en práctica mucho de lo aprendido en otros encargos. Tan sólo un pequeño apunte, es un paraíso de pequeños detalles que lucen diferentes según la luz del día. Bien vale una tarde entera –a falta de más tiempo– para disfrutarlo.

 

La llamada Manzana de la discordia, entre las calles Aragó y Consell de Cent, concentra tres edificios de renombre que son un muestrario del modernismo adaptado a las viviendas particulares de la burguesía. La más famosa de ellas es la Casa Batlló, también ideada por Antoni Gaudí. Construida entre 1904 y 1907 –realmente es una reforma de un edifico anterior–, es un prodigio donde la libertad fluye a su antojo entre cerámicas, balcones, escaleras, chimeneas, herrajes, cruces bulbosas y perspectivas. Asombra, aparte de la infinidad de detalles y elementos decorativos, la capacidad del genio catalán para controlar la luz y la ventilación. En fin, una visita para recrearse largo y tendido.

Gaudí es mágico pero el modernismo no es sólo él. Otros grandes artistas nos han dejado su legado con obras que también resultan sobrecogedoras. Tal es el caso de Lluís Doménech i Montaner que, entre otras, regaló a los amantes de la arquitectura el Palau de la Música Catalana. Lo ideal sería poder disfrutar de un concierto rodeado del festival de colores que regala su claraboya central; sin embargo, quizás resulte más fácil apuntarse a la visita guiada y, al menos, sentirlo con nuestros propios ojos.

Finalmente, dejamos sobre la mesa una recomendación para quienes ya conocen algunos de los imprescindibles ya descritos: olvídense de los genios. El modernismo alcanzó tal magnitud en la Barcelona de principios del siglo XX que influyó en toda la sociedad. Así, principalmente en torno al Paseo de Gracia, todavía hoy es posible hallar numerosas manifestaciones de dicho estilo. No son grandes edificios ni palacios, son pequeños establecimientos, detalles arquitectónicos, mobiliario urbano, etc. que nos permiten, con un poco de imaginación, situarnos en dicho periodo histórico que debió ser intenso, convulso y apasionante.

Gaudí y su mecenas, Eusebio Güell

Un nombre también asociado de manera inevitable al modernismo es el de Eusebio Güell, audaz empresario y mecenas de Gaudí. Entre otras obras, financió la Colonia Güell, situada en Santa Coloma de Cervelló. Allí, además de entender parte de la vida industrial, uno se embelesa con la Cripta: los vitrales y los bancos del interior, el pórtico que asemeja un mágico bosque de columnas que dialoga con los pinos colindantes y sostiene unas bóvedas imposibles, la dignificación de los materiales humildes, etc. Desde aquí podemos saltar fugazmente hasta el Park Güell, ya de vuelta en Barcelona. Concebido como una urbanización privada, puede ser descrito con multitud de adjetivos: plástico, surrealista, lírico, simbólico…  Aquí uno, entre las hordas de turistas, puede creer ver hadas, druidas y minotauros. Y de postre, las excelsas vistas de Barcelona.

Una vez finalizado el paseo por el Modernismo, si aún te queda tiempo te recomendamos dar un paseo por el Barrio de Gracia porque te sorprendrá, seguro.

En este enlace de Guía Práctica de Barcelona encontrarás las referencias clave para encontrar el mejor alojamiento, restaurante y otras pistas para disfrutar de un buen fin de semana en la Ciudad Condal.

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