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MUSEO TIFLOLÓGICO. SENTIR Y TOCAR


Situado en el centro de Madrid, en la sede del Centro Bibliográfico y Cultural de la ONCE, el Museo Tiflológico sorprenderá a cuantos se animen a conocerlo. Está concebido para ser visto, tocado y sentido, tanto para personas con deficiencias visuales como para aquellos que quieran disfrutar de un espacio cultural de una manera diferente y divertida. Os animamos a acercaros a sus instalaciones para descubrir un mundo donde la sensibilidad y la imaginación juegan un papel muy importante.

(Viajeros, edición digital 16 junio 2012)

¿Cómo es un museo para ciegos?

Un museo para ciegos es para todos, es decir, aquí se puede disfrutar viendo, tocando, escuchando y… también reflexionando. Si coinciden con algún invidente no desaproveche la ocasión para conocer cómo perciben ellos las diferentes obras. Resulta curioso e ilustrativo escuchar sus explicaciones, donde no faltan conceptos como el equilibrio, la profundidad o el movimiento. Es, en definitiva, una forma alternativa de percibir el Arte de la cual podremos aprender para futuras incursiones en otros centros artísticos.


Se trata de un espacio de 1.500 metros cuadrados repartidos en dos plantas donde se ha cuidado al máximo la accesibilidad. De esta manera, la distribución de las salas, la textura de los suelos, la iluminación, los rótulos en relieve y en tinta o, entre otros, la información acústica han sido planteados para que cualquier tipo de persona pueda acercarse a la cultura sin ningún tipo de distinción. Nos encontraremos con tres salas diferenciadas donde se atiende a diferentes inquietudes. En la primera se reproducen monumentos arquitectónicos relevantes, la segunda exhibe obras de artistas con algún tipo de limitación visual y la tercera se encarga de explicar la evolución del material tiflológico.

Al alcance de la mano

Acostumbrados a las normas de los museos al uso, el poder palpar las obras con tus manos es una experiencia novedosa y entretenida. Si empezamos por la Sala de Reproducciones nos daremos cuenta enseguida del porqué de esta afirmación. En ella encontraremos un catálogo a escala de algunos de los emblemas turísticos más importantes del mundo. De esta manera, nos esperan la Torre Eiffel representando a Francia, la de Pisa que nos transporta hasta la Toscana, el neoclasicismo de la Puerta de Brandemburgo, el soviético conjunto amurallado del Kremlin, el soberbio mausoleo del Taj Mahal, etc. Cada una de ellas está realizada con diferentes materiales y pinturas, acentuando así las sensaciones cuando las vemos con el sentido del tacto.

Como no podía de ser de otra manera, se ha reservado un espacio para los grandes iconos nacionales. Por ejemplo, la maqueta de las pinturas de las cuevas de Altamira ha sido modelada con esmero para que nadie se quede sin disfrutarlas. Viajemos ahora hasta Granada donde podremos deleitarnos con una vista general de la Alhambra, el Patio de los Leones y el Palacio Real. En este último, al igual que otras maquetas, es posible darle la vuelta a una de las cubiertas para poder deleitarnos con el detallismo de la madera de nogal de su parte interior –la accesibilidad en todos lo sentidos es un requisito fundamental en este museo–.

En fin, la lista es muy extensa y permite ilustrarse sobre algunos de los monumentos más famosos de todo el mundo. Algunos los verán o sentirán por vez primera; otros, aunque ya los conozcan, podrán revivir experiencias de un modo original.


Una colección sorprendente

Textiles, esculturas y pinturas son las tres disciplinas con las que aprenderemos en la Sala de obras de artistas ciegos y deficientes visuales. Resulta curioso conocer las diferentes técnicas empleadas y sorprende la calidad formal alcanzada. En cuanto a los textiles, cabe destacar el trabajo de la sueca Margit Berfstrand. Su obra Deja vivir el río está realizada en patchwork, técnica que combina con esmero pequeños retales cosidos entre sí. Parémonos un instante a pensar cómo consiguen los artistas de esta disciplina recrear las sensaciones. El grosor de los diferentes materiales ayudan a conseguir volúmenes; las diferentes texturas pueden, como ocurre por ejemplo en Mareas de Sagrario Ibáñez, recrear las crestas de las olas del mar; incluso, y esto si que fue todo un descubrimiento, cada color es percibido de manera diferente.


La escultura tiene su espacio asegurado en el Museo Tiflológico. Nos llamó especialmente la atención Miguel Detrell, un artista mejicano que se quedó ciego a los nueve años de edad, hecho que no ha impedido que desarrollase su vocación artística. El bronce es su mejor arma, con el que ha creado genialidades que seguramente no desentonarían en importantes espacios culturales.

Los pintores, en su mayoría deficientes visuales, elaboran una pintura táctil que, a través de la mezcla de materiales, consiguen transmitir su mundo imaginativo. Algunos utilizan métodos poco convencionales –como Simeón Peña que ejecuta su Malatesta con ceras, barniz, papel y telas sobre tabla–, otros te dejan atónitos con su destreza –un buen ejemplo de ello es la pintura figurativa de Rosa Garriga– y los hay que parece que tienen una imaginación ilimitada –Rafael Arias realiza un boceto previo con pasta, cuerdas y gomas para delimitar las áreas de color. Párense delante de su Bodegón con naranjas y díganme si no es cierto que es asombroso–.

La historia de los invidentes

En la Sala de material tiflológico podemos reconocer dos áreas bien diferenciadas. Por un lado se nos despliega un catálogo de instrumentos con los que los ciegos han tratado de sobreponerse a sus hándicaps a lo largo de la historia: relojes con apliques de bronce, sensibilizadores del tacto, pautas Braille, máquinas para escribir la notación musical, calculadoras, libros hablados, mapas… Una exposición que permite contrastar la evolución de todos estos aparejos y que, como decíamos al principio, te hacen reflexionar sobre el día a día de los invidentes.

Finalmente hablarles del espacio reservado a los cupones. Allí encontraremos boletos anteriores a la creación de la ONCE, otros pertenecientes a la época de esta corporación y los materiales utilizados en los sorteos, es decir, bombos, picadoras y expositores.

Más información en el Tel. 915 894 219 o en http://museo.once.es

Dirección: Calle La Coruña, 18. Madrid.

Horario:
Martes a viernes de 10 a 14 h. y de 17 a 20 h.
Sábados de 10 a 14 h.
Lunes, domingos y festivos cerrado.

Entrada gratuita

Grupos. Las visitas de grupos se realizan previa reserva (por las mañanas de 8 a 15 horas) en el teléfono de información (+34) 91 589 42 19



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