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IBIZA. Excesiva y divina

¡Qué excesiva eres, bonita! Se lo hemos oído decir a un grupo de amigos paseando por el puerto de la ciudad. Y ese apelativo, pero despojándolo de todo atisbo peyorativo, se lo aplicamos nosotros a Ibiza. La luz, la pasión, el silencio, el gozo, la felicidad... todo parece superlativo por estas latitudes del Mediterráneo.


¡Qué excesiva eres, bonita! Se lo hemos oído decir a un grupo de amigos paseando por el puerto de la ciudad. Y ese apelativo, pero despojándolo de todo atisbo peyorativo, se lo aplicamos nosotros a Ibiza. La luz, la pasión, el silencio, el gozo, la felicidad... todo parece superlativo por estas latitudes del Mediterráneo.

Texto: Oscar Checa (procedente de edición impresa de Revista Viajeros 164) ©Foto superior: Hotel Hacienda Na Xamena

La línea del mar se ve cada vez más cerca por la ventanilla del avión. Como una composición artística gigante, aparece ahí abajo, junto a la costa, un tetris de estanques de colores que asombra a unos pasajeros cada vez más inquietos por la constante cercanía del avión al océano. Son las eras inundadas del Parque Natural de Ses Salines donde el agua marina se evapora poco a poco dejando una costra de sal lista para ser utilizada. El aeroplano sigue descendiendo y cuando ya el mar se ve a tan solo unos metros, aterriza en suelo firme. Ibiza recibe con intensidad, con emociones palpitantes, con todos sus colores reflejados en las piscinas artificiales de esas salinas: los rosados pálidos de las flores de almendro, los verdes y amarillos de los pinares, los ocres de la tierra del interior, los malvas de los atardeceres, los azules del mar y el blanco, siempre el blanco... Pero esto es solo el principio...

Tomillo como recompensa

Queremos elaborar un pequeño mapa de lugares sorprendentes y creo que lo vamos a tener muy fácil. De momento, vamos pedaleando siguiendo una de las rutas diseñadas para BTT. La Ibiza más rural se va dibujando lentamente a golpe de pedal y la sensación de llegar a estos rincones de manera apacible, sin provocar mucho ruido, escuchando solo el roce de las ruedas en los caminos, es de lo más gratificante. En esta parte de la isla, el norte, el terreno es algo más abrupto. Aparecen bancales de frutales, rodeados de árboles silvestres, algún caserío, pequeñas ramblas y torrenteras... También encontramos las típicas higueras con las ramas apuntaladas que crecen paralelas al suelo. Esto se hacía, entre otras cosas, para que el ganado pudiera protegerse del calor, pero ahora somos nosotros los que aprovechamos la sombra para hacer un alto y beber un trago de agua fresca.

Poco después llegamos a Sant Llorenç de Balàfia, un pequeño pueblo con algunos de los mejores ejemplos de arquitectura tradicional: casas payesas y torres defensivas, de esas que encontraremos por toda la isla, y que nos hablan de un tiempo en el que sus habitantes estaban expuestos al ataque de piratas que expoliaban bienes y secuestraban gentes. De la misma época es la iglesia, que se recorta en un cielo azul, con perfiles redondeados y suaves. Es una de las iglesias-fortaleza ibicencas, construidas sin muchas ventanas y con muros gruesos, siguiendo aquella necesidad de protección. Parecen montañas de merengue, tan blancas, todas encaladas como manda la tradición. La costumbre también dice que la frígola, un licor tradicional de tomillo, hay que tomarla después de las comidas, pero aunque solo es mediodía, nosotros la bebemos igualmente, con unos cubitos de hielo, en el bar del pueblo, mientras descansamos y damos por finalizada nuestra la primera excursión.

Azul turquesa

Parte de unas vacaciones veraniegas en Ibiza se dedican irremediablemente a tumbarse al sol. Pero este hecho lleva aparejado otro que consiste en recorrer el litoral intentando descubrir la mejor playa, la cala más recóndita, el recodo más idílico, la bahía con el mejor chiringuito, la ensenada con las mejores puestas de sol... Es una auténtica búsqueda del tesoro en la que, al final, es difícil elegir solo uno de esos lugares.

Las Platges de Compte, de agua turquesa y arena brillante, se llenan de gente al atardecer; Cala Xarraca es un remanso de tranquilidad y de colores exuberantes, protegida por acantilados plagados de pinos; Cala d'Hort, medio escondida, es casi un lugar de peregrinación, con una atracción de la que uno puede difícilmente sustraerse. Allí están los islotes de Es Vedrà y Es Vedranell, donde se dice que reside el poder telúrico y la energía especial que envuelve toda la isla. Esoterismos y leyendas aparte, la verdad es que son dos moles que producen fascinación, a las que se puede acceder en barco pero con un permiso previo, ya que el entorno donde se encuentran está protegido.

También lo está el área donde se ubican las playas de Ses Salines y Es Cavallet, con un sistema dunar de gran valor ecológico. Son las playas de moda, aunque la afluencia de gente no solo se debe a la belleza del lugar sino a las magníficas puestas del sol, los estupendos chiringuitos y locales, y a que por aquí suelen pasear y tomar el sol muchos de los famosos y famosillos que vienen a Ibiza...


Y aunque las playas sean irresistibles, es obligatorio dejar tiempo para visitar Dalt Vila, el casco histórico de la capital. Es el siguiente ítem que marcamos en nuestra colección de enclaves brillantes. Se trata de una fortaleza costera estupendamente conservada que da cuenta de nuevo de aquellos episodios de invasiones y asedios. Pero un recorrido por las callejuelas empinadas de este barrio alto y por sus murallas nos mostrará la historia desde los tiempos de los pueblos púnicos y fenicios hasta la actualidad.

El destino quiso que esos dos extremos de la línea temporal se unieran en el Museo de Arte Contemporáneo de Ibiza (MACE, en la imagen superior), recién inaugurado tras los sobresalientes trabajos de ampliación. Durante las obras salieron a la luz restos arqueológicos fenicios que se han conservado, integrados en el espacio absolutamente moderno y original del nuevo edificio. Junto a ellos, las colecciones del centro, que ofrecen una visión del arte desde mediados del siglo XX, y exposiciones temporales, como la que ha abierto esta nueva etapa y que une al artista mallorquín Miquel Barceló con el escultor británico Barry Flanagan.

Despierta la noche

El esplendor tranquilo y sosegado que irradia durante el día la mayor de las Pitiusas se transforma en una profusión de energía e imaginación cuando llega la noche. No hay excusa para no vivir esta otra faceta de Ibiza. Después de ver la puesta de sol toca ponerse todo lo guapo que uno y una quieran y salir a cenar, copear y bailar. Ese sería el ritual. Sobre discotecas os damos algunas pistas en la guía práctica; del resto, lo tenemos claro: cena en Lío y fiesta en Ushuaia.

Lío es un restaurante con club y cabaret, situado en el puerto deportivo de Ibiza, con increíbles vistas a Dalt Vila. La cocina es de inspiración japonesa (está muy de moda por aquí) y el ambiente y la sofisticación made in Ibiza. Y las mejores fiestas al aire libre son las del Ushuaia Beach Hotel: diseño, glamour, ambiente onírico, originalidad, alegría y un escenario por el que pasan los mejores Dj's internacionales. Este año también estará, entre otros, el incombustible David Guetta. El espectáculo está servido.

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