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VIAJES. La Rioja. Vinos y escuadra

Es imposible viajar a La Rioja y aislarse del mundo del vino. Bueno, tampoco es que se nos haya pasado por la cabeza semejante idea... lo que queremos decir es que hasta el aspecto más insospechado tiene aquí relación con el mundo del vino. Uno de ellos, la arquitectura, será nuestra guía en esta nueva escapada.

 

Es imposible viajar a La Rioja y aislarse del mundo del vino. Bueno, tampoco es que se nos haya pasado por la cabeza semejante idea... lo que queremos decir es que hasta el aspecto más insospechado tiene aquí relación con el mundo del vino.  Uno de ellos, la arquitectura, será nuestra guía en esta nueva escapada.

Por Óscar Checa (Viajeros 179)

No perturbar el descanso de los vinos que reposaba en los calados. Ese era el propósito de una ordenanza municipal que se extendió en el año 1583 en Logroño y que prohibía el paso de carruajes herrados por la Ruavieja. No quiero ni pensar lo que les parecería a la gente de aquel entonces el trajín de coches de hoy en día, el estrépito de motores y cláxones que, en mayor o menor medida, también vive la capital riojana, como todas las ciudades. Pero el caso es que para los riojanos de aquella época, el vino ya era algo serio, algo con lo que no se bromeaba. En la Ruavieja, como en gran parte del casco antiguo de Logroño, la parte baja de las casas guardaba el calao, la bodega subterránea, un lugar donde las condiciones de humedad y temperatura son constantes y  perfectas para criar y envejecer los vinos.

Unos de los calados más antiguos conservados en esta zona son el de San Gregorio, del siglo XVI, que tiene una longitud de 30 metros y bóveda de cañón; y el del antiguo Palacio de los Yanguas. Hoy, esta mansión, que perteneció a una poderosa familia que hizo dinero gracias al negocio de la lana, es el Centro de la Cultura del Rioja, un lugar en el que se unen la historia, la vanguardia, el diseño, la tradición, el vino y la gastronomía. Pero si hemos empezado por aquí este recorrido por La Rioja es, sobre todo, porque este edificio es uno de los que van a componer la lista que hemos decidido crear de espacios arquitectónicos originales ligados al vino. Y no hablamos de las consabidas bodegas de diseño, sino de otros emplazamientos, nuevos o antiguos, modernos o tradicionales, que atraen, especialmente, por su factura constructiva.

Medieval y vanguardista

Este Centro de la Cultura del Rioja es el punto de partida perfecto en nuestro particular itinerario. La estructura de piedra original, con llamativos elementos góticos, se ha combinado con muros y acabados de vanguardia. Así encontramos, por ejemplo, toda una pared que reproduce la idea de un gigantesco botellero en la que el vidrio crea un espectacular juego de luces o el espacio central, pintado de color vino y techado con grandes paneles traslúcidos de forma poliédrica. Es como estar en el interior de una gema colosal, en la que se reparten espacios como un winebar, una tienda de vinos, una ludoteca, un punto de información turística y unas salas de exposición donde podemos tener el primer contacto con el mundo y la historia del vino. El antiguo calado al que hacíamos referencia es uno de los rincones abiertos a la visita; una visita en la que, entre otras curiosidades, podrás meterte en una botella de vino gigante...

Donde la luna

El juego de efectos no ha hecho más que comenzar, porque no lejos de aquí, en los soportales de la calle Muro de la Mata, está el restaurante que Francis Paniego regenta en Logroño. Tondeluna (cuyo nombre derivaría de la expresión “donde la luna”) es una recreación vanguardista y abstracta de los bosques del pueblo natal de este destacado cocinero riojano: Ezcaray. Láminas de madera de diferentes colores y grosor tapizan toda una pared a modo de moderno puzle con el que reproducir el paisaje arbolado de las montañas ezcarayenses. El resto de la sala, con la cocina abierta y mesas corridas, propone una nueva forma de entender la relación con la gastronomía. Algo así también lo encontramos en Vivanco (situado en la localidad de Briones), donde la arquitectura juega un papel fundamental para que el que visita este centro temático del vino esté en todo momento en contacto con el universo de Bacco.

Así, el restaurante o algunos otros espacios donde se hacen catas, están a tan solo unos pasos de los viñedos, de manera que ese paisaje se vuelca en el interior a través de enormes paredes de cristal, o nos hace sentir que estamos degustando los platos y los vinos entre las vides. Hay que dedicar todo el tiempo del que dispongamos a la visita del Museo Vivanco, considerado uno de los mejores del mundo en cuanto al mundo del vino se refiere. La colección y la propuesta museográfica es tan impresionante que apenas reparamos en otros aspectos como los que estamos persiguiendo nosotros en este viaje. La primera sala, enorme y con una delicada iluminación, recuerda a una catedral, con su nave central y otras dos laterales. Después, el recorrido comienza a zigzaguear según vamos descendiendo y pasando a salas donde se suceden vitrinas, proyecciones de vídeo y objetos que nos cuentan la historia del vino, desde los aspectos prácticos (cómo se vendimia, cómo se fabrica una barrica...) hasta los simbólicos, pasando por el mundo del arte, de la agricultura y de la enología. Uno tiene la sensación de estar recorriendo un laberinto (el de Ariadna, forzosamente, claro) donde se diluyen el sentido del tiempo y de la orientación. Solo cuando llegamos a la sala de barricas volvemos a situarnos un poco, gracias a la luz natural (muy matizada, eso sí) que entra de manera cenital allí donde confluyen hileras de extrañas columnas dispuestas en círculos concéntricos e inmersas en la penumbra. Vamos, ¡que casi es arquitectura gnóstica!


 

Dejamos Briones para acercarnos a Haro, otro de los pueblos claves en el mundo del Rioja. Lo es también para nosotros en esta búsqueda arquitectónica, pues aquí, en el barrio de La Estación, hay buenos ejemplos de ello. Uno de los más modernos es el de Viña Tondonia con la intervención de Zada Hadid, a medio camino entre la escultura y la arquitectura. Pero en esta ocasión nos hemos fijado en otra bodega, en CVNE, porque allí sigue en pie la nave diseñada por Gustave Eiffel, como muestra de que esa amistad entre el arte y el vino que nos parece algo reciente, empezó ya hace tiempo. A finales del siglo XIX el ingeniero que diseño la famosa Torre Eiffel, creó para esta bodega una nave sin columnas en la que el techo se sujetaba mediante un sistema de cerchas metálicas de pared a pared. Al ser un espacio diáfano facilitaba enormemente las labores con las barricas. La nave sigue asombrando tantos años después por la proeza técnica y por la armonía misma del edificio. De todas formas no es la única innovación o solución técnica que podemos ver en esta bodega: en la sala de recepción de visitas –antigua casa de la familia– se ha recuperado el sistema de pértigas sobre raíles de cobre como sistema de iluminación. Parece una idea sacada de algún moderno estudio diseño, pero se inventó hace más de un siglo. Y nos encanta.

Teatrisseros

También nos encanta, como no puede ser de otra manera, uno de los más recientes proyectos hoteleros de La Rioja. Está en el pueblo de Cuzcurrita de Río Tirón, en la Rioja Alta, y se llama Teatrisso. Laura y Jose no vienen del mundo de la hostelería pero sí cuentan con la ilusión de haber recuperado un destacado edificio con mucha historia y con las ganas de mostrar y compartir con todo el que quiera ese pasado y lo que han ido descubriendo. Resulta que esta casona perteneció a una familia muy emprendedora que, como lo que sobraba dentro de la misma era espacio, decidió transformar una parte de la mansión en teatro.

Bueno, en realidad primero se instaló un ring de boxeo y luego, una compañía de teatro ambulante se dio cuenta de que era un lugar perfecto para actuar. Los domingos era también salón de baile y cantina. Y después se convirtió en un cine. Hoy, unas filas de butacas procedentes de otro antiguo cine (pero de Madrid) recuerdan ese pasado dedicado al mundo del arte, de los sueños y de la magia. Además, las habitaciones están decoradas de manera que rinden homenaje a diferentes películas de la historia de cine. Esto es solo un resumen de lo que guarda el establecimiento, pero tanto si estamos alojados en él como si no, podemos apuntarnos a las visitas guiadas que han decidido poner en marcha de forma periódica para compartir este lugar con todo el mundo. Ahí ya nos enteraremos de todos los detalles, tanto del pasado del edificio como del proceso de rehabilitación. El recorrido acaba en el calao que también tiene la casa (faltaría más) tomando un vino... o dos. El caso es que una vez realizado todo este itinerario de iniciación, será raro que no queramos ser, como Laura y Jose, teatrisseros. Por cierto, el nombre del hotel viene de unir la palabra ‘teatro’ con ‘paradiso’ (en alusión a la película de Giussepe Tornatore, una declarada historia de amor por el cine).

La verdad es que este pueblo, Cuzcurrita, tiene algo de escenario, de decorado cinematográfico, con su pequeño casco histórico de casas de piedra espléndidamente conservadas; su Plaza Mayor; la curiosa iglesia de San Miguel, de estilo barroco y con fachada curvilínea y el río que rodea parte de la localidad. Por tener, tiene hasta un castillo, o sea, que no le falta de nada.

Un vino con Hemingway

Estamos llegando al final de nuestro viaje, pero todavía nos quedan un par de visitas para completar la lista de lugares de arquitectura destacada. El primero está en Entrena, a diez minutos de Logroño. Se trata de Finca de los Arandinos, un complejo en el que encontramos una bodega, un hotel, un restaurante y un spa, todo unido por la arquitectura y el diseño. Hormigón y cristal se fusionan a través de líneas sencillas y puras, creando espacios de gran efecto sensorial. Exactamente lo mismo que ocurre en Conde de los Andes, que ha recuperado la antigua bodega de Ollauri para volver a elaborar vinos aquí, tras haberse mudado a Haro en los años setenta. Ese cambio de enfoque ha llevado aparejado la creación de un nuevo espacio dedicado al enoturismo, desde el que comienza uno de los recorridos más alucinantes que pueda haber: más de un kilómetro y medio de túneles que discurren (una parte de ellos) a 40 metros bajo tierra. La recuperación de la antigua bodega y de estos calados históricos del siglo XVI lleva la firma de Javier Arizcuren, igual que el proyecto de Finca Los Arandinos. Son dos conceptos diferentes, claro está, pero perfectamente interpretados y llevados a cabo por este arquitecto riojano que también es enólogo y proviene de una familia de viticultores.

Adentrarse por estas enormes cuevas donde duermen, en silencio y oscuridad, miles de botellas de vino es una experiencia inolvidable. De un calado a otro las sorpresas van sucediéndose: en este encontramos una bóveda de crucería irregular y aspecto primitivo como sistema de refuerzo; en el siguiente, enormes tinas que se fabricaban allí mismo, bajo tierra; en el de más allá una pared donde se superponen ristras de botellas que, al ser suavemente iluminadas, despiden un leve brillo matizado por capas de polvo... ¿Quién construyó todo esto?, es la pregunta que uno acaba haciéndose ante una obra que parece sacada de un libro o una película de fantasía. Y es que hay cosas que a uno le cuesta creer aunque las tenga delante, como le pasó a Hemingway cuando visitó este lugar con Antonio Ordóñez y se topó con la enorme reserva de la bodega. Aquel momento quedó inmortalizado en una foto y hoy, en homenaje al escritor (y gran vividor), el mismo lugar se ha convertido en un pequeño escenario donde podemos, igualmente, retratarnos para la posteridad. A ver... miren a la cámara...

 

Texto y fotos: Editorial Viajeros

Estamos en Zamora, y más exactamente en las tierras de la denominación de origen de Toro, y hemos madrugado para hacer un vuelo en globo. Tras disfrutar de las alturas, nos esperan los ricos vinos de la Bodega Cyan, paseos por el arte románico y 'Aqva', la nueva exposición de las Edades del Hombre.

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