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PUNTA CANA. PARAÍSO DE REP. DOMINICANA

 A veces los destinos más obvios nos sorprenden y dan de sí tanto que necesitaríamos otras vacaciones para aprovecharlos al máximo. La costa de Punta Cana, uno de los lugares idóneos para disfrutar del sol y la playa, impresiona con una completa oferta turística, donde no faltan campos de golf, navegación fluvial, cultura popular e, incluso, vuelos en helicóptero e interacción con delfines.

Por Pepa García (procedente de edición impresa Viajeros 164)

Imposible resistirse

República Dominicana es uno de los destinos más completos y plurales del Caribe. Ocupa las dos terceras partes de la isla de La Española, la cual comparte con Haití; y en su territorio –que en un primer momento puede parecer pequeño– ofrece una amplia variedad de atractivos, desde deportes activos, sol y playa hasta golf o turismo de salud.

Uno de los principales alicientes de los viajeros para visitar este país son sus largas ensenadas de arena blanca y mar templado y cristalino. Las mejores playas se encuentran en el sudeste, en enclaves tan conocidos como Punta Cana y Bávaro. Para todos aquellos que hacen de este punto su lugar de vacaciones hemos preparado una serie de propuestas con las cuales complementar y enriquecer su estancia a través de excursiones de un sólo día de duración.


Desde el aire, otra dimensión

Aunque las opciones son muchas en el momento de comenzar a explorar un destino, una de nuestras favoritas es hacerlo desde el aire. La imagen global que se obtiene ayuda a situarse geográfica y físicamente. Los helicópteros se deslizan con suavidad por lo que son aptos para todas las edades; suelen tener capacidad para tres pasajeros; si tienes posibilidad de compartirlo es aconsejable para que el precio baje. El disfrute de esta experiencia es, sobre todo, visual ya que desde el aire impresiona la variedad de tonalidades del mar que recorren toda la gama del azul desde el eléctrico al turquesa. La línea de costa se presenta enmarcada por una blanquísima franja de arena y salpicada aquí y allá por complejos hoteleros, urbanizaciones de lujo y mansiones de celebrities. Los bien cuidados campos de golf, con sus sinuosas fisonomías, y las masas forestales completan el lienzo. Con esta visión en la retina, seguro que ardes en deseos de bajar y lanzarte al mar para darte el primer chapuzón.

Playas, delfines y golf

Aparentemente ninguna de estas palabras tiene algo en común, pero no es así, ya que todas ellas son agradables alternativas en una estancia en Punta Cana.
Aunque el litoral en esta zona esté salpicado de complejos hoteleros, en las playas no se percibe una aglomeración excesiva, e incluso se puede disfrutar de la soledad en muchos tramos. Los bazares improvisados –tipo galería comercial, con nombres tan curiosos como Mercadona–, vendedores, y lugares donde alquilar material para realizar deportes acuáticos aparecen como por arte de magia. Es recomendable salir también de los tramos bajo la influencia de los hoteles y dejarse llevar hasta las poblaciones locales.

Las aguas turquesas son tremendamente atractivas pero interactuar con la fauna marina no lo es menos. Una experiencia que no defrauda es la de nadar con delfines. Se trata de una actividad que se puede contratar en los hoteles o directamente ir al Parque Dolphin Explorer (www.dolphinexplorer.com.do) donde, además de ver animales, se disfruta de un espectáculo con leones marinos y se interactua en plataformas marinas preparadas con estos animales y con delfines –se realiza en grupo y con monitor–. Por supuesto, todo ello queda inmortalizado en vídeos y fotografías que luego se abonan a “buen precio”.


Cambiamos el azul por el verde, el mar por la hierba y los animales por los palos de golf. En pocas horas puedes descubrir que tienes un don para jugar a este deporte –antaño solo al alcance de la élite– o que eres un auténtico negado. El campo de Iberostate Bávaro, de 18 hoyos,  fue diseñado y desarrollado por el reconocido P. B. Dye. Es un placer recorrer la hierba y hallar, tras alguna de sus onduladas colinas, pequeños lagos o un buggy-bar para tomar una cerveza bien fresquita.

Buscando las raíces: Higüey y San Pedro de Macorís

La mejor manera de conocer un destino es fundiéndote con él, dejando de marcar distancia entre turismo y población local. Os recomendamos una ruta que pasa por Higüey y San Pedro de Macorís, aunque los núcleos que salen en el camino también son propicios al encuentro. Higüey está considerada como “la tierra santa de América” ya que, según la leyenda, se apareció Nuestra Señora de Altagracia (patrona oficial de República Dominicana) a los soldados de Cristóbal Colón en una batalla con los indios. Los milagros atribuidos a la virgen fueron tantos que se decidió construir una morada a su altura.


La imponente Catedral elevada en la década de los cincuenta impresiona por su tamaño y poco convencional estilo –diseñada por Pierre Dupré y Dovnoyer de Segonzac–. El 21 de enero, el día grande del santuario, llegan personas de todo el país. Lo interesante de esta población es conocer la vida diaria dominicana y pasear  por su mercado rebosante de frutas, carnes, peluquerías e, incluso, tiendas de magia blanca o negra.

Otra ciudad que merece la pena es San Pedro de Macorís, por la esencia que emana su conjunto. La imagen nostálgica desde el río Higuano recuerda a algunos enclaves centroeuropeos con su bonita catedral rayando el cielo con su campanario.

Es conocido por factores tan dispares como haber aportado el mayor número de jugadores de béisbol a la liga profesional (hay quien acude sólo por ver un partido en el estadio de Tetelo Vargas); por la canción Guavaberry de Juan Luis Guerra que dice así:

    “¡oh!, San Pedro de Macorís, / I'd like to live in the streets/ of San Pedro de Macorís/ I'd like to live in the streets”

y porque la danza autóctona de los Guloyas fue declarada en 2005 Patrimonio Cultural Inmaterial. Presenciar esta danza es una experiencia que no se debe perder, impresiona la vestimenta y el rítmico sentimiento al bailar. 


Otro dato que no sorprende es que la caña de azúcar sea la base de su economía. Antes de llegar a San Pedro se observa a sacrificados trabajadores con sus largos machetes en las plantaciones. También es interesante pasear por los alrededores del templo y entrar en la factoría de puros Macorix Cigars & Co, donde se observa todo el proceso manual para conseguir un buen cigarro.

Una recomendación antes de regresar es probar los pasteles en hojas (rellenos de res, pollo o verduras) en Amable, un local funcional con algunas mesas y ventanales que miran al parque. Es contundente, perfecto si el estómago ha empezado a quejarse.

Altos de Chavón y Casa de Campo

Aunque la imagen ligada a República Dominicana es el mar, tampoco faltan ríos, montañas, valles y cascadas –y en el norte mucho más–. Estamos en el sur, así que os sugerimos para conocer otros ecosistemas navegar por el río Chavón. Existen barcos en forma de plataforma que organizan excursiones muy enfocadas a turistas donde no falta la bachata ni el vaso de ron. Una experiencia relajante y divertida.

Si surcar las verdes aguas fluviales tiene encanto, no os podéis perder los Altos de Chavón, una sorprendente aldea desde la que se domina el curso del río. Este lugar, inspirado en una población italiana del siglo XVI, fue construido por un millonario americano como regalo para su hija. No le falta de nada, casas de piedra, una iglesia de estilo siciliano e, incluso, una anfiteatro. Actualmente, es una villa de artistas, con talleres artísticos, restaurantes y residencia de estudiantes.


Y, tras salir de este pueblo de decorado, es muy curioso visitar, junto a él, Casa de Campo, un micromundo de lujo edificado por un consorcio de cubanos de Miami. En sus 7.000 hectáreas, un exclusivo espacio con sus avenidas, playas privadas, más de 1.500 residencias impresionantes escondidas entre la floresta que disfrutan personajes muy conocidos como Julio Iglesias, Bill Clinton, reyes, estrellas de Hollywood, etc. Existen medidas de seguridad para entrar ya que el acceso está restringido pero si no te puedes permitir alquilar un apartamento allí, la alternativa de ir a cenar al restaurante situado en Playa Minitas tampoco está mal y es una buena excusa para curiosear por los alrededores. Los atardeceres son maravillosos.

¿De veras alguien puede pensar que Punta Cana es un destino aburrido a estas alturas? Tomad nota si no lo tenéis claro: vuelo en helicóptero, nadar con delfines, jugar al golf, navegar por el río Chavón y visitar el pueblo medieval, cena en Casa de Campo y hoteles de ensueño. 

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