Textos y fotos Editorial Viajeros
Categoría
Compartir

Bajo la atenta mirada del Danubio

Presume de sus bondades como anfitrión, de ser el segundo río más largo de Europa y de abrazar hermosas ciudades. Dispuestos a dejarnos sorprender por lo que el Danubio quiera mostrarnos, iniciamos este recorrido en formato crucero fluvial, para descubrir los tesoros escondidos en AustriaEslovaquia y Hungría.

Emprendemos nuestra aventura naviera partiendo desde Viena, y como si se tratase de un padre orgulloso, el Danubio quiere lucir sus tesoros y nos enseña su parte más bonita; El valle de Wachau, situado entre Melk y Krems

Melk es un pueblecito de película junto al Danubio, con su famosa abadía benedictina, su casco histórico y sus pintorescas y encantadoras callejuelas que, serpenteando por la colina, consiguen trasladarte varios siglos atrás.

La Abadía

La abadía de Melk (Stift Melk), uno de los monumentos cristianos más famosos del mundo. Domina el Danubio desde lo alto de un acantilado rocoso, con cerca de mil años de antigüedad, cuando Leopoldo II, soberano de Austria, entregó uno de sus castillos a los monjes benedictinos de la abadía de Lambach. En el siglo XII se fundó una escuela y la biblioteca de la abadía alcanzó renombre por su extensa colección de manuscritos. En el siglo XV la abadía se convirtió en el centro de la reforma de Melk, un movimiento que devolvió cierto vigor a la vida monástica de Austria y el sur de Alemania. Desde 1625 la abadía ha sido miembro de la Congregación Austriaca, actualmente incluida en la confederación Benedictina.

Esta abadía sirvió de inspiración a Umberto Eco para escribir su famosa novela “El nombre de la rosa”, donde sitúa a uno de sus protagonistas, el joven Adso, como nativo de Melk.

Dürnstein

Cambiamos de dirección en el río, y aproximándonos a Viena, paramos en Dürnstein, el nombre deriva del castillo de piedra que lo protegía. Un pueblecito con encanto, con apenas 1.000 habitantes que se dedican al vino y al turismo. Durante un año, Ricardo Corazón de León estuvo preso en el castillo de Dürnstein. Cuenta la leyenda, que su fiel trovador, Blondel viajó por todo el país para encontrar a su amo, fue tocando su laúd de castillo en castillo, cantando una canción que sólo él y Ricardo sabían. Cuando llegó a Dürnstein cantó la primera estrofa y Ricardo respondió con la segunda, y aquí empezaron las negociaciones por el rescate. Dicen que los ingleses pagaron tanto dinero por su rescate, que esto produjo una pequeña crisis en Inglaterra.

La especialidad del valle de Wachan es el albaricoque, en austriaco es “Marillen”, aquí se puede encontrar en forma de licores, dulces y jabones.

Bratislava

Tan sólo observamos Viena desde el rio, será nuestro último destino, pues ahora nuestra próxima parada es Bratislava, capital de Eslovaquía, dominada desde la colina por su regio castillo. Es, en todos los aspectos, una “vieja” ciudad europea, con un casco histórico reconstruido y una arquitectura barroca de los Habsburgo, que ayuda a contrarrestar el legado comunista de la ciudad.

La situación frontera con Austria y su proximidad con Hungría y República Checa, tiene relación directa con su turbulento pasado político, pero al igual que otras ciudades donde confluyen diferentes culturas, Bratislava es el resultado de una fascinante mezcla de arquitectura, vino y gastronomía.

Con una población superior a 450.000 habitantes se encuentra, al igual que Viena y Budapest, en una de las curvas del Danubio, con puentes que conectan las dos partes de la ciudad divididas por el rio.

Bratislava, antigua capital de Hungría y bajo el nombre de Presburgo, era lugar de coronación de los reyes del imperio Austro-Hungaro. Rememora la arquitectura barroca de los Habsburgo, presente en muchas hileras de casas históricas y en las calles peatonales del renovado casco antiguo.

Posee iglesias con cúpulas de cobre, palacios y, por supuesto, dominada desde lo alto por su castillo, el emblema de la ciudad, el castillo de Bratislava. Se halla situado, desde el siglo XVII, a 82 metros sobre el Danubio, y es conocido por “la mesa patas arriba” por sus cuatro torres octogonales. El interior alberga un museo histórico que expone instrumentos musicales, objetos de plata relacionados con la coronación, muebles de época, relojes y talleres de la edad media.

La Torre de San Miguel

En el casco histórico de Bratislava, y vecina de las casas barrocas de la calle Michalská ulica (calle de Miguel), encontramos la Torre de San Miguel, hoy sede del museo de armas, pero en su época formaba parte de las murallas, y era una de las cuatro puertas que daba entrada a la ciudad, hoy es a la única que ha respetado el paso del tiempo. Al cruzarla, merece la pena detenerse un momento y ver el kilómetro zero de Bratislava. La parte más antigua de la torre, es del siglo XIV, de estilo gótico, el resto data sobre todo del siglo XVII, y desde arriba, vigilando la calle Michalká, se alza la estatua del Arcangel Miguel.

Otros monumentos dignos de mención son, la Catedral de San Martín, el Museo Nacional Eslovaco y el Palacio Primacial, pero ya nos está esperando el anfitrión para enseñarnos otro trofeo de su vitrina.

PUZSTA

Salimos de Bratislava para detenernos en Kalocsa y hacerle una visita a la  Puzsta, o “gran llanura”, considerada patrimonio de la humanidad desde 1999, y antes “el oeste salvaje de Hungría”. Numerosos rebaños de ganado pastaban bajo la guardia de cow-boys.

La carroza de caballos es el medio de transporte típico, y los csikós (sus jinetes), manejan con consumado arte ecuestre las manadas de la Puszta.

En la zona podemos degustar unos pequeños bizcochos salados llamados “pogasca” y su bebida típica, la “palinka”

La llanura tiene otros atractivos menos conocidos, ciudades con tradición, como Kecskemét, Debrecen y Szeged, grandes parques naturales y extraordinarios balnearios que nada tienen que envidiar a los mejores de Budapest.

BUDAPEST

EL PUENTE DE LAS CADENAS

Precisamente Budapest será nuestra siguiente parada. Y por supuesto, lo primero que desvía nuestra atención, es el Puente de las Cadenas. Este puente supuso la unión entre las ciudades de Obuda, Buda y Pest, y a su vez un gran impulso económico y urbano, que deriva en la creación de Budapest.

Oficialmente es conocido como Puente Széchenyi, en honor a su creador, el conde István Széchenyi, bajo la dirección del arquitecto Adam Clark, y siguiendo los diseños del primer puente de cadenas de Marlow (Inglaterra), del arquitecto William T. Clark . Tras invertir 10 años en su construcción, se inaugura en 1849. Tiene una longitud de 380 metros y 15,7 metros de ancho.

En enero de 1945 fue destruido por las tropas nazis, pero cuatro años después fue reconstruido en su forma original. El tráfico que viene desde el centro de Pest pasa por el Puente de las Cadenas y por el túnel de 350 metros de longitud.

VISTA AL DANUBIO DESDE BUDAPEST

Desde el Danubio nos sorprende el Palacio de Buda. Fue el rey Bela IV en 1242 quien eligió esta maravillosa ubicación por encima del Danubio por su importancia estratégica, lo que le impulsó a poblar esta zona, y 100 años después, Luis el Grande mando construir su palacio, acomodando la corte. Tras sufrir varias reformas y reconstrucciones, finalmente el emperador Francisco José, en el siglo XIX le dio la forma actual, incrementando una cúpula real. Durante la II guerra mundial se quemó y destruyó completamente y se comenzó a reconstruir a partir de 1946. Hoy alberga el Museo Histórico de Budapest, la Galería Nacional Húngara y la Biblioteca Nacional Szechemyi. En 1988 fue declarado por la Unesco, Patrimonio Universal de la Humanidad.

Tenemos tiempo para hacerle una visita a La Iglesía de Nuestra Señora, o como se la conoce popularmente, La Iglesia de Matías

Es la más importante y acogedora de la ciudad, construida en honor a la Virgen María entre los siglos XIII y XV. Las reformas más importantes las realizó Luis el Grande, pero las ampliaciones más significativas las llevó a cabo el rey Matías, elevó la torre que hoy lleva su nombre, a 72 metros de altura, y construyó el oratorio real. En esta iglesia celebró la misa de su coronación y sus dos bodas. Aquí también se coronaron los dos últimos reyes de Hungría, Francisco José y Carlos IV.

Gracias a su excelente órgano y buena acústica, se estrenó “la misa de coronación” de Ferenc Liszt y el “Te deum del Palacio de Buda” de Zoltan Kodody.

Budapest, como gran ciudad, contiene multitud de sitios interesantes para visitar, como el parlamento, la catedral de San Esteban, el mercado cubierto, los baños Gellert… Está claro que Budapest merece otra vuelta.

ESZTERGOM

Regresamos al Danubio y emprendemos camino de regreso a nuestro punto de partida, Viena. Pero antes hacemos una parada en la capital religiosa de Hungría; Esztergom.

Nos llena la vista la Catedral de Esztergom, será por sus 100 metros de altura, que la convierten en el edificio más grande de toda Hungría y la Catedral más grande de Centroeuropa. Construida entre 1506 y 1519. En su cripta se encuentran los sepulcros de los arzobispos más importantes. La capilla es uno de los ejemplos más preciosos del estilo renacentista italiano.

El tesoro de la basílica contiene una colección de objetos de oro y plata única en el mundo, así como instrumentos de misa, trajes de obispos y la joyería coleccionada por los clérigos.

ULTIMA PARADA; VIENA

Hay tanto que ver y disponemos de tan poco tiempo, que se hace difícil la elección, ya que en Viena hay cerca de 27 castillos y más de 150 palacios.

PALACIO IMPERIAL HOFBURG

Antigua residencia del emperador Habsburgo, con un impresionante castillo y gran armonía entre las plazas y palacios de la Augustiner Strasse, una de las calles de Viena con más clase y concurrida tanto de día como de noche, cuando las salas del palacio se convierten en teatros y salas de concierto.

No es mala idea hacer una parada en “Time Travel”, donde 200 años de historia de Viena recobran vida en una original visita a través de un área de aventura de 1.300 m2, ingeniosamente presentados por guías turísticos. Merece mucho la pena.

La noria gigante del Prater vienés, también conocida como Wiener Riesenrad, es uno de los símbolos de la ciudad. Se construyó a finales del siglo XIX para celebrar el 50 aniversario del reinado de Francisco José de Austria. La vista panorámica de la ciudad cuando alcanzas sus 65 metros de altura, puede dejarte realmente impresionado.

CASA HUNDERTWASSER

Uno de los puntos arquitectónicos más destacables de Austria, es la Casa Hundertwasser de Viena, diseñada por el artísta Friedensreich Hundertwasser. Su fachada exterior, repleta de diversas formas y colores, consigue que no puedas apartar la vista, es casi hipnótico. El exterior es lo único que se puede visitar, aunque justo enfrente está la Hundertwasser Village, aquí está permitida su visita interior.

Confirmado!, el Danubio es un buen anfitrión. Nos vamos con la promesa de regresar para darle la visita que se merecen todas estas ciudades, abrazadas por el segundo rio más grande de europa.

Más experiencias seleccionadas para ti