Textos y fotos Pepa García
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VIAJES. CERDEÑA. El Mediterráneo esencial

Echar el ancla en las esmeraldas aguas sardas, pasear por los senderos de su agreste interior, sorprenderse con la agitada historia de sus primitivos pueblos o descubrir los platos de su ancestral cocina son algunas de las experiencias que nos ofrece Cerdeña, la segunda isla mayor del Mare Nostrum.

Echar el ancla en las esmeraldas aguas sardas, pasear por los senderos de su agreste interior, sorprenderse con la agitada historia de sus primitivos pueblos o descubrir los platos de su ancestral cocina son algunas de las experiencias que nos ofrece Cerdeña, la segunda isla mayor del Mare Nostrum.
 

A las islas es mejor llegar por mar y ver sus costas desde la cubierta del barco. El nuestro tarda un buen rato en atracar, y durante ese tiempo nuestra imaginación   echa a volar. Y ahí empiezan las vacaciones... Mientras desembarcamos podemos ir pensando en cómo será nuestro periplo por la isla… o incluso ir más allá: podemos imaginar que en la isla hay un tesoro. La isla del Tesoro no es solo una fantasía, también puede existir ¿por qué no? A fin de cuentas, para viajar a una isla hay que tener un poco de espíritu pirata. Buscar un tesoro sin prisas –y en vacaciones– puede suponer una nueva aventura.


 

La isla italiana de Cerdeña, con una superficie de 24.000 km², es la segunda en extensión del Mediterráneo después de Sicilia, por lo que se hace imprescindible diseñar un recorrido a nuestra medida si queremos conocer mínimamente algo de su espíritu. Así pues, una vez llegados a Porto Torres (en el oeste), atravesamos un puente romano de más de 100 metros, que se conserva en perfecto estado operativo… Y entonces, tenemos ante nosotros varias opciones a elegir. Yo les ‘brindo’ tres: empezar visitando la esquina noroeste de la isla que tiene un litoral con extensiones de arena resplandeciente y alojamientos turísticos de calidad; adentrarnos en su interior para ‘investigar’ su peculiar historia; o viajar hasta la costa oriental y perdernos en el parque nacional más grande de la isla para disfrutar de sus recónditas calas. Y si tiene más de 10 días de asueto ¿por qué no las tres?


 

Primer tesoro en Cerdeña: Golfo de Orosei

Las montañas del Gennargentu, tan elevadas que en invierno están nevadas, se topan de repente con el mar, formando una media luna de espectaculares acantilados fraccionados por agrestes caminos que se pueden recorrer a pie y que conducen a pequeñas bahías en forma de herradura y repletas de calas de ensueño.

El camino por carretera acaba en Orosei, y tan solo a dos kilómetros está Marina de Orosei, con sus playas interminables y sus hoteles de lujo donde ver pasar la vida con calma. Desde luego, es un inmejorable punto para establecer nuestro alojamiento.

La excursión a las ensenadas del golfo parte de Cala Gonone a bordo de las motonaves que van depositando a todo tipo de viajeros en sus recónditas calas. Escaladores, submarinistas, buscadores de conchas, piragüistas y turistas viajan en la nave comunitaria o en botes y piraguas alquiladas en busca del lugar ideal (y secreto) para hacerse su particular selfie. Si las vistas de los que se aventuran en el senderismo por lo alto de las rocas es espectacular a medida que se acercan a las calas, los rompientes horadados por cuevas y bañados por el agua agitada del mar resultan apabullante desde la barcaza, sobre todo cuando se llega a la gruta del Bue Marino, que fue la última morada en la isla de la singular foca monje –o buey marino, como la conocían los pescadores de la zona–. La gruta es una profunda galería en la que el agua juguetea creando superficies de espejo donde se reflejan los petroglifos neolíticos. Las calas tienen nombre propio (Cala Fuili, Cala Luna, Cala Biriola, Cala Mariolu), pero el apellido que las une es el de paradisiaco. Otra opción playera está al norte de Orosei, donde se encuentra el Parque Oasi Biderosa. Se accede en coche y se paga un euro por persona. Tiene visitas guiadas al Monte Urcatu, punto panorámico desde donde se divisa la inmensidad de sus arenales. Un lugar perfecto si viaja con niños porque tiene un restaurante desde donde puede verse un lago con flamencos.

La parte cultural de la excursión puede ser las ruinas de Serra Orrios, también muy cerca de Orosei. Se trata de un pueblo nurágico de gran importancia arqueológica. Ver lajas de piedra y tumbas megalíticas puede ser harto cansino, pero las explicaciones de la guía –a veces un tanto esotérica– en torno a la simbología del recinto resultan muy instructivas. ¡Todo es cultura!

 

Segundo tesoro de Cerdeña: Orgosolo

El corazón geográfico de la isla es una zona austera y montañosa conocida como Barbagia. El nombre proviene de la palabra griega barbaros (extranjero), pero fueron los romanos quienes la bautizaron con ese topónimo tras varios intentos fallidos por someter a sus gentes. De aquellos mimbres (como reza el refrán) salieron algunos personajes famosos en la historia del bandidaje sardo. Y no es leyenda. Orgosolo durante mucho tiempo estuvo vinculada al bandolerismo y la violencia de corte sardo.

En ese entorno surgieron bandoleros que hicieron del secuestro de políticos y terratenientes su quehacer cotidiano en la década de los sesenta del siglo pasado. Graziano Mesina fue uno de ellos. Cuando salió de la cárcel, en 2011, dicen que hizo de guía turístico de su pueblo… Poco tiempo le duró el trabajo limpio, porque ahora está detenido de nuevo.

Pero todo ha cambiado en Orgosolo. Para expiar su pecado, pinturas murales decoran las casas de las principales calles del pueblo con una temática claramente reivindicativa. Aquí las paredes hablan. Y no hablan por hablar, sino que denuncian las injusticias del mundo: gritos silenciosos a favor de la libertad; abucheos sordos contra el capitalismo y el mal uso del poder... Contemplar estas pinturas –que no son insulsos grafitis– es como atravesar un pasillo que recorre los acontecimientos más trascendentales que ha vivido la humanidad durante el siglo XX y lo que llevamos de XXI. Así, por ejemplo, se denuncia el golpe de estado que acabó con la vida de Salvador Allende, las desapariciones durante la dictadura argentina, los asesinatos de la dictadura franquista en España o, mediante una reproducción de la genialidad de Picasso, el bombardeo de Guernica. También aparecen los atentados del 11-S y hasta un grupo de emigrantes en patera, demasiados en número para una embarcación tan precaria. Denuncian: Todos somos clandestinos. Hasta los años setenta Orgosolo era conocida como la capital del silencio. Revelar cualquier información inadecuada podía significar terminar los días siendo el blanco de un tiroteo en cualquier bar del pueblo. Ahora es un interesante lugar turístico… aunque los más viejos permanecen callados. Misterio.

 

Tercer tesoro de Cerdeña: Alghero

Si decidimos también ver la costa oeste, tenemos que viajar hacia poniente y llegar a Bosa cuando el sol justamente se pone. Así tendremos una impresión visual para siempre, en directo e irrepetible. Bosa, desde la carretera, tiene un perfil urbano impresionante: casas pintadas con colores pastel apiladas como cajas de zapatos sobre una colina… y arriba un castillo dorado. Desde aquí parte la serpenteante carretera costera al borde de acantilados que conduce a Alghero, una ciudad cuya historia de conquista parece que no quieren olvidar los actuales alguereses, cuyos antepasados fueron expulsados y obligados a vivir en el interior de la isla por los catalano-aragoneses, que dominaron la ciudad durante cuatro siglos convirtiéndola en una colonia española. Muy cosmopolita, Alghero es el centro turístico del noroeste y tiene todo lo que necesita el forastero: playa, buenos restaurantes, tiendas de souvenirs y los últimos modelitos de prêt-à-porter de las firmas más prestigiosas en los escaparates, que apagan los focos bien entrada la noche.

Visto Alghero ya solo nos queda, antes de embarcar de regreso a España, conocer Stintino, un olvidado pueblo de pescadores con una célebre playa, La Pelosa. Está cerca de Porto Torres (puerto de entrada y salida de Cerdeña) y en verano se convierte en el lugar donde acuden miles de forasteros que quieren tostarse al sol y experimentar cómo la tramontana les vuelve locos.

CÓMO LLEGAR. A Cerdeña se puede acceder en avión con varias líneas aéreas o en barco con Grimaldi Lines, con quienes puedes llevar tu propio coche.



 

 

 

 

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Texto y fotos: Jordi Jofré

Sin paños calientes ni pensándolo mucho. Compramos un billete de avión o subimos a un ferry y "benvenuti" a uno de los paraísos acariciados por el Mediterráneo. Es Cerdeña, mucha costa pero todavía más personalidad. Para comprobarlo, visitamos Cagliari con un flotador y una cuerda que se estira como máximo 50 km. Con eso tendremos más que suficiente.

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