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BÉRGAMO. La historia se hace presente

Ubicada en una de esas colinas que poco a poco dejan paso a los Alpes, Bérgamo es una joya que difícilmente puede pasar desapercibida. Dividida en Cittá Alta y Cittá Bassa, esta ciudad del norte de Italia nos transporta a la Edad Media, a la República de Venecia, a las luchas y a los desafíos… sin olvidarse del presente.

He intentado en numerosas ocasiones explicar cómo es Bérgamo a todos los que han tenido curiosidad por saber algo de esta urbe, conocida fuera de las fronteras italianas sobre todo por tener un aeropuerto con vuelos de bajo coste. Pero es tan especial que resulta difícil de definir en unas pocas palabras: la única opción es visitarla. Lo fundamental es que no es una sola ciudad. O tal vez lo sea, pero no lo parece: Bérgamo Alta, tan histórica y señorial, parece altivamente alejada del bullicio y de la actividad frenética que caracteriza la más moderna, Bérgamo Baja. Un cómodo viaje directo desde Madrid nos lleva en poco más de un par de horas al aeropuerto de Orio al Serio, desde donde rápidamente alcanzamos el centro de la ciudad. Ésta es famosa en Italia por la zona alta y por sus murallas, así que sin aguantar las ganas, vamos directos a la colina.

 


Bérgamo Alta, la más señorial

Ascender a Bérgamo Alta permite zambullirse en la historia de este enclave. Empezando por el mismo funicular, que, construido hace 120 años, parece haberse quedado allí, parado en el tiempo. Imposible resistir la tentación de no sacar decenas y decenas de fotos. El conductor, aparentemente ajeno a todo, cierra las puertas de los vagones, cargados de extranjeros armados de cámaras, ejecutivos con su maletín y estudiantes, mochila al hombro. El funicular se empieza a mover y con su traqueteo nuestro viaje por el tiempo acaba de empezar. En pocos minutos alcanzamos la piazza del Mercato delle Scarpe y llegamos directamente al corazón de la Edad Media. Parece que fuera ayer cuando los caballos se fatigaban subiendo las resbaladizas cuestas adoquinadas de la Cittá Alta para alcanzar la fuente que corona la plaza. Por las callejuelas medievales se difunde el aroma a café, que como en cualquier otra ciudad italiana es casi algo sagrado y rivaliza con el perfume que sale de los hornos y pastelerías de la zona. “Brioches e cappuccino”, grita el camarero de uno de las cafeterías más antiguas de la urbe, Cavour, con aire sorprendido. Y es que para los italianos el cappuccino es el desayuno por excelencia, y estas ya no son horas de pedirlo: sólo se puede tomar antes de las diez de la mañana, para dejar paso después al famosísimo ristretto.

En el laberinto de calles de la Cittá Alta, la presencia de Venecia es constante. A principios de 1400, Bérgamo fue conquistada por la República de la Serenissima de Venecia, que además de encargarse de la construcción de las murallas que rodean la ciudad, aprovechó para marcar el territorio con su icono más famoso, el león. Pero durante sus 350 años de presencia, Venecia, además de muchos leones, regaló a Bérgamo uno de sus símbolos más universales: el célebre capitán Bartolomeo Colleoni. Nacido a principios de 1400 y perteneciente a una de las familias de más alcurnia del lugar, su intensa vida le llevó a realizar importantes hazañas militares por encargo. Primero en nombre de la República de Venecia; luego por cuenta de sus más acérrimos adversarios, los Duques de Milán; y posteriormente, de nuevo, para Venecia, donde de hecho se puede todavía admirar su estatua ecuestre realizada por Il Verrocchio –maestro de grandes artistas como Leonardo da Vinci y Botticelli–. Su poder  era inmenso, hasta tal punto que uno de los ábsides de la basílica di Santa Maria Maggiore fue destruido para la construcción de su mausoleo. El mausoleo de los Colleoni se encuentra precisamente en uno de los lugares fundamentales de la ciudad: la Piazza Vecchia. Este enclave, con sus cafés, sus pequeñas tiendas y sobre todo su ambiente más auténticamente bergamasco reúne gran parte de los símbolos de la ciudad.

 

 

Es difícil decidir con qué deleitar primero lo vista… ¿tal vez en el Palazzo della Regione o tal vez en el Campanone, que, gracias a su altura de 52 metros, permite admirar las mejores vistas de la urbe? Un grupo de escolares con su profesora se detienen primero en la fuente y luego deciden seguir el recorrido por el Duomo, construido hacia finales de 1400, y por la basilica di Santa Maria Maggiore, en cuyo interior se erigió –para posteriormente separarlo– el Battistero. Nosotros nos decantamos por la Cappella Colleoni que, rodeada por una verja decorada con el escudo heráldico de la familia, acoge en su interior la estatua ecuestre del capitán, el monumento fúnebre en honor a la hija Medea y el sarcófago familiar. Seguramente la intención de Bartolomeo Colleoni era que todo el que visitara el lugar entendiera su poder e importancia en la ciudad. Y lo consiguió. Al entrar, el ambiente sugestivo invita a admirar al caballero y a entristecerse ante la dulce figura de Medea, hija favorita de Bartolomeo Colleoni, que falleció con sólo quince años. Curiosamente, uno de los más grandes misterios del lugar ha sido durante siglos el paradero del cuerpo del capitán. No fue hasta 1969, después de casi 500 años, que se descubrió en un doble fondo del sarcófago familiar un sencillo ataúd de madera con el cadáver casi intacto.

 


La Cittá Bassa, moderna y cosmopolita

El tiempo ha pasado volando entre callejuelas y edificios medievales, pero en una visita a Bérgamo no puede faltar un paseo por el lateral de la colina. Gracias a las escalerillas que bajan desde Borgo Canale vamos poco a poco descendiendo hacia Bérgamo Bassa, cruzándonos con numerosas parejas que disfrutan de un magnífico atardecer con vistas a esta ciudad, que cuenta con el honor de ser una de las pocas en Italia todavía amurallada. De hecho, para los bergamaschi, desde siempre, las murallas y sobre todo sus cuatro puertas han sido fundamentales, tanto por su función de protección como por haberles comunicado con el resto de ciudades de la zona. Desde ahí partían los caminos a Venecia, Milán, Brescia y Lecco-Como y desde allí comerciantes y campesinos venían cargados de productos para abastecer al enclave. 

 

 

 

 

Tras este largo paseo, nos merecemos una dulce recompensa: un trozo de la torta Donizetti –creada en honor a uno de los más célebres compositores italianos, Gaetano Donizzetti– y de un pequeño polenta e oséi, la versión dulce de un típico plato salado de la zona. Retomamos la visita deteniéndonos en las numerosas villas y palacios situados entre Viale Roma y Viale Vittorio Emanuele II, que las familias nobles de este enclave italiano mandaron construir a principios de la centuria pasada. Y así, poco a poco, nos acercamos nuevamente al siglo XXI. Justo antes de llegar a Porta Nuova y a su Torre dei Caduti, nos adentramos en el Sentierone, una calle por la que desde hace siglos los habitantes pasean y se detienen a degustar café.

Al final del día, nada mejor que aprovechar para tomar un merecido descanso en alguno de los numerosos bares de Bérgamo Baja, desde donde admiramos la Cittá Alta, que se impone desde la colina. En estos momentos, tal vez el Campanone, allá en lo alto, esté precisamente dando las 100 campanadas que cada noche anuncian el cierre de las puertas de la ciudad... y que nos recuerdan que aquí la Historia sigue todavía muy presente.




Más información:

ENIT, Agencia Italiana de Turismo

Bérgamo: www.turismo.bergamo.it

 

 

 

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