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La Rioja. A vinos y escuadra

Es imposible viajar a La Rioja y aislarse del mundo del vino. Bueno, tampoco es que se nos haya pasado por la cabeza semejante idea... lo que queremos decir es que hasta el aspecto más insospechado tiene aquí relación con el mundo del vino. Uno de ellos, la arquitectura, será nuestra guía en esta nueva escapada.

No perturbar el descanso de los vinos que reposan en los calados.

Ese era el propósito de una ordenanza municipal que se extendió en el año 1583 en Logroño y que prohibía el paso de carruajes herrados por la Ruavieja. No quiero ni pensar lo que les parecería a la gente de aquel entonces el trajín de coches de hoy en día, el estrépito de motores y cláxones que, en mayor o menor medida, también vive la capital riojana, como todas las ciudades. Pero el caso es que para los riojanos de aquella época, el vino ya era algo serio, algo con lo que no se bromeaba. En la Ruavieja, como en gran parte del casco antiguo de Logroño, la parte baja de las casas guardaba el calao, la bodega subterránea, un lugar donde las condiciones de humedad y temperatura son constantes y  perfectas para criar y envejecer los vinos.

MEDIEVAL Y VANGUARDISTA

Unos de los calados más antiguos conservados en esta zona son el de San Gregorio, del siglo XVI, que tiene una longitud de 30 metros y bóveda de cañón; y el del antiguo Palacio de los Yanguas. Hoy, esta mansión, que perteneció a una poderosa familia que hizo dinero gracias al negocio de la lana, es el Centro de la Cultura del Rioja, un lugar en el que se unen la historia, la vanguardia, el diseño, la tradición, el vino y la gastronomía. Pero si hemos empezado por aquí este recorrido por La Rioja es, sobre todo, porque este edificio es uno de los que van a componer la lista que hemos decidido crear de espacios arquitectónicos originales ligados al vino. Y no hablamos de las consabidas bodegas de diseño, sino de otros emplazamientos, nuevos o antiguos, modernos o tradicionales, que atraen, especialmente, por su factura constructiva.

Este Centro de la Cultura del Rioja es el punto de partida perfecto en nuestro particular itinerario. La estructura de piedra original, con llamativos elementos góticos, se ha combinado con muros y acabados de vanguardia. Así encontramos, por ejemplo, toda una pared que reproduce la idea de un gigantesco botellero en la que el vidrio crea un espectacular juego de luces o el espacio central, pintado de color vino y techado con grandes paneles traslúcidos de forma poliédrica. Es como estar en el interior de una gema colosal, en la que se reparten espacios como un winebar, una tienda de vinos, una ludoteca, un punto de información turística y unas salas de exposición donde podemos tener el primer contacto con el mundo y la historia del vino. El antiguo calado al que hacíamos referencia es uno de los rincones abiertos a la visita; una visita en la que, entre otras curiosidades, podrás meterte en una botella de vino gigante...

La arquitectura juega un papel decisivo para sentirse en contacto con el universo de Bacco

donde la luna

El juego de efectos no ha hecho más que comenzar, porque no lejos de aquí, en los soportales de la calle Muro de la Mata, está el restaurante que Francis Paniego regenta en Logroño. Tondeluna (cuyo nombre derivaría de la expresión “donde la luna”) es una recreación vanguardista y abstracta de los bosques del pueblo natal de este destacado cocinero riojano: Ezcaray. Láminas de madera de diferentes colores y grosor tapizan toda una pared a modo de moderno puzle con el que reproducir el paisaje arbolado de las montañas ezcarayenses. El resto de la sala, con la cocina abierta y mesas corridas, propone una nueva forma de entender la relación con la gastronomía.

Algo así también lo encontramos en Vivanco (situado en la localidad de Briones), donde la arquitectura juega un papel fundamental para que el que visita este centro temático del vino esté en todo momento en contacto con el universo de Bacco. Así, el restaurante o algunos otros espacios donde se hacen catas, están a tan solo unos pasos de los viñedos, de manera que ese paisaje se vuelca en el interior a través de enormes paredes de cristal, o nos hace sentir que estamos degustando los platos y los vinos entre las vides. Hay que dedicar todo el tiempo del que dispongamos a la visita del Museo Vivanco, considerado uno de los mejores del mundo en cuanto al mundo del vino se refiere. La colección y la propuesta museográfica es tan impresionante que apenas reparamos en otros aspectos como los que estamos persiguiendo nosotros en este viaje. La primera sala, enorme y con una delicada iluminación, recuerda a una catedral, con su nave central y otras dos laterales. Después, el recorrido comienza a zigzaguear según vamos descendiendo y pasando a salas donde se suceden vitrinas, proyecciones de vídeo y objetos que nos cuentan la historia del vino, desde los aspectos prácticos (cómo se vendimia, cómo se fabrica una barrica...) hasta los simbólicos, pasando por el mundo del arte, de la agricultura y de la enología. Uno tiene la sensación de estar recorriendo un laberinto (el de Ariadna, forzosamente, claro) donde se diluyen el sentido del tiempo y de la orientación. Solo cuando llegamos a la sala de barricas volvemos a situarnos un poco, gracias a la luz natural (muy matizada, eso sí) que entra de manera cenital allí donde confluyen hileras de extrañas columnas dispuestas en círculos concéntricos e inmersas en la penumbra. Vamos, ¡que casi es arquitectura gnóstica!

Colección de botellas antiguas en el Museo Vivanco

Por el barrio de La Estación

Dejamos Briones para acercarnos a Haro, otro de los pueblos claves en el mundo del Rioja. Lo es también para nosotros en esta búsqueda arquitectónica, pues aquí, en el barrio de La Estación, hay buenos ejemplos de ello. Uno de los más modernos es el de Viña Tondonia con la intervención de Zada Hadid, a medio camino entre la escultura y la arquitectura. Pero en esta ocasión nos hemos fijado en otra bodega, en CVNE, porque allí sigue en pie la nave diseñada por Gustave Eiffel, como muestra de que esa amistad entre el arte y el vino que nos parece algo reciente, empezó ya hace tiempo. A finales del siglo XIX el ingeniero que diseño la famosa Torre Eiffel, creó para esta bodega una nave sin columnas en la que el techo se sujetaba mediante un sistema de cerchas metálicas de pared a pared. Al ser un espacio diáfano facilitaba enormemente las labores con las barricas. La nave sigue asombrando tantos años después por la proeza técnica y por la armonía misma del edificio. De todas formas no es la única innovación o solución técnica que podemos ver en esta bodega: en la sala de recepción de visitas –antigua casa de la familia y actualmente habilitada como wine bar– se ha recuperado el sistema de pértigas sobre raíles de cobre como sistema de iluminación. Parece una idea sacada de algún moderno estudio de diseño, pero se inventó hace más de un siglo. Y nos encanta.

"La vida es muy corta para beber un mal vino"... Así reza un cartel a la entrada de su acogedor wine bar.

En Cvne cada botella podría contar una historia..

Y aún estamos convenicidos de ello, pero en esta ocasión hemos tenido el lujo de que sea Jaime - Sommelier de Cvne - quien lo haga, y realmente son todas muy interesantes, pero una en concreto nos dejó fascinados, y es que en el transcurso de la guerra civil, cuando las mujeres tenían que ocupar los puestos que desempeñaban los hombres, estas embotellaron una añada de vino blanco que al finalizar la guerra, y por miedo a su destrucción, escondieron tras un muro donde esperaron en silencio a lo largo de los años, hasta que fueron descubiertas por casualidad no hace mucho. Evidentemente no están a la venta, y aunque si se han lucido en eventos especiales, permanecen en la bodega para deleite de sus visitantes. ¡Realmente una gran historia!     

POR LA RIOJA ALAVESA

No podemos visitar Cvne y no hacer lo propio con sus "retoños", así que nos salimos un poco del guión y del límite con La Rioja, concretamente en Laguardia nos encontramos con Viña Real. Al levantar la vista por el Cerro de la Mesa, nos llama la atención una impresionante tina de 30.000 metros, en su interior y en cuevas excavadas es donde Viña Real mima y protege sus vinos. Esta alegoría al vino, diseñada en madera y acero inoxidable por el arquitecto Philippe Maziéres desde luego no deja indiferente, porque cuando la visitas descubres otros elementos que hacen que todo te encaje a la perfección, y que preferimos no desvelar para no perturbar la experiencia del visitante, pero si contaremos que degustar uno de sus vinos desde su mirador es todo lo contrario a perturbador.  

Y al otro lado del Cerro de la Mesa, mecidas por el Ebro se encuentran las viñas de Contino

Cuenta la historia que, en los tiempos de los reyes Católicos, existía un oficial responsable de un centenar de soldados - el contino - encargado de velar "de contino" por la familia real.

El recorrido por los calados de este Châteu de 1973 es un gran viaje en el tiempo, tan sólo los pequeños golpes de innovación son los que te hacen regresar a este siglo. Y es que los vinos de Contino bien merecen una parada temporal, y disfrutarlos en este entorno es un verdadero placer que tenemos a la vuelta de la esquina... de La Rioja con Álava... 

Los rincones de La Rioja son infinitos, como los placeres del vino, firma de identidad de una tierra cargada de contrastes y muestra de una pasión y una forma de vida que siempre invita a regresar. Nosotros seguro que lo haremos...

Texto y fotos: Editorial Viajeros

Una antigua casona de piedra completamente restaurada y trasformada en un hotel de ocho habitaciones. Es el Hotel Pura Vida, uno de los últimos alojamientos que han abierto sus puertas en La Rioja. Éste en concreto se encuentra en el pequeño pueblo de Valgañón, a tan sólo cuatro kilómetros de Ezcaray, y es un lugar perfecto para desconectar.

Texto y fotos: Óscar Checa y Juanjo Isidro

Son diferentes, singulares, divertidos y, algunos de ellos, únicos. Visitamos cinco museos de nuestro país en los que estamos seguros de que vais a disfrutar y aprender, que para eso están, ¿no?

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