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Del Jordaan al Noord. Estampas de Amsterdam

Aquí hay personas de 183 nacionalidades, 600.000 flores de bulbo en parques y jardines, 255 tranvías, 165 canales, 1.281 puentes, 654 lápidas históricas en las fachadas de las casas, 8 molinos de viento, 220.000 árboles... Pero lo más sorprendente de todo es que lo tengan contabilizado! Bueno, Amsterdam es así. Diferente.


Ni Van Gogh, ni los canales, ni el Barrio Rojo, ni los coffee shops. El mayor icono de promoción de Amsterdam son unas letras rojas y blancas de dos metros de altura situadas delante de la fachada del Rijksmuseum. “I Amsterdam” es el eslogan turístico de la ciudad, materializado físicamente en la plaza Museumplein en un set a modo de escultura de más de 23 metros de largo. Deben de estar fabricadas en un material indestructible porque a pesar de que la gente se sube a ellas, pasa entre ellas, se tumba en ellas intentando encontrar la pose más original ante el objetivo de cámaras y móviles, ahí siguen como el primer día!



Alrededor del I Amsterdam se emplazan tres de los museos referencia de la ciudad, a modo de Paseo del Arte holandés: el Rijksmuseum, que aloja la mayor colección de arte de Holanda, con pinturas de grandes maestros como Rembrandt, Vermeer o Frans Hals; el Vicent van Gogh Museum y el Stedelijk Museum, el mayor de todo el país dedicado al arte moderno y al diseño. Son algunas de las visitas imprescindibles, pero nosotros vamos a deambular por otros barrios, atentos a las maneras de vivir Amsterdam de una forma menos programada o de ‘guía de viajes’.

 


Y para estar integrados con la población local, nos moveremos en bici. Es muy fácil conseguir una, pues hay unas treinta de tiendas de alquiler por toda la ciudad. En Amsterdam hay más bicis que habitantes. Todo el  mundo va en bici y la ciudad está mucho más adecuada para este tipo de transporte que para los coches. También para tranvía, pero la bici gana de lejos. Desde que se inventó la versión ‘moderna’ (con cadena) a finales del siglo XIX se convirtió en el medio de transporte preferido de las masas, con un éxito rotundo en un lugar tan llano como los Países Bajos. Aquí hasta tienen una versión acuática (lanchas a pedales), aunque éstas son más para recreo y descubrir la ciudad desde los canales que para desplazarse propiamente dicho.


Bien, pues comenzamos la excursión a dos ruedas por el barrio Jordaan, una extensión de la ciudad que se construyó en el siglo XVII para acoger a toda la gente que llegaba entonces a la capital, pues fue su época de esplendor y atraía a población de muchos lugares. Así que, desde el primer momento fue una barriada popular y ese ambiente es el que seguimos viendo hoy. Aquí hay tiendas de productos ‘exóticos’ y gourmets relacionados con el Mediterráneo, pastelerías artesanales, enotecas, tiendas de decoración vintage, de ropa de segunda mano. Es también el lugar donde se están instalando galerías de arte y fotografía como Kahmann Gallery, y tiendas de decoración y diseño como Moooi, fundada por los diseñadores holandeses Marcel Wanders y Casper Vissers. El nombre de esta compañía deriva del holandés "mooi" que significa bello. La “o” añadida viene a decir que los objetos que encontramos aquí son aún más bellos!


También encontraremos por estas calles numerosos restaurantes y establecimientos de productos orgánicos (no te pierdas la mejor tarta de manzana de la ciudad en Winkel 43), así como algunos de los llamados “bares marrones”. El apelativo tiene que ver con el color de su interior, de esa tonalidad gracias a las maderas de las paredes y al humo impregnado durante años a ellas. Ahora ya no se fuma en ellos, pero el ambiente sigue siendo el de siempre, acogedor, convivial y popular, aunque la mejor palabra para describirlo es la neerlandesa “gezelligheid”, tan holandesa que resulta intraducible. Eran los lugares a donde el pueblo iba a beber cerveza y ginebra después del trabajo, charlar con quien hubiera y escuchar a los cantantes o acordeonistas que se solían prodigar por ellos. Los más antiguos datan del siglo XVII y algunos incluso mantienen el suelo de arena como en aquella época. Aquí se juega a las cartas (el juego más popular es el klaverjassen, una especie de tute), se come queso gouda con mostaza y se bebe cerveza y ginebra. Los amsterdameses la suelen beber juntas. Si quieres imitarlos debes pedir un “kopstoot” (martillazo) o una “stelletje” (parejita), pero mejor cuando no tengas que coger luego la bici…


Es hora de descubrir el nuevo barrio de la ciudad, Amsterdam Noord, situado justo al otro lado del río Ij, que la rodea por el norte. Gran parte de esta orilla fue durante mucho tiempo el lugar donde estuvieron instalados los grandes astilleros amsterdameses y compañías industriales. En los terrenos que ocupó la Compañía Neerlandesa de Puertos y Astilleros se están instalando ahora artistas, diseñadores y creadores de todos las áreas, tras un proyecto de regeneración urbana (que mantiene el acrónimo de la compañía NDSM) cuya idea era crear espacios de uso transitorio… pero que se han convertido en permanentes y muy, muy atractivos.


Para llegar hasta aquí simplemente hay que cruzar el río a bordo de un servicio de ferries gratuitos (personas, bicis y motos) que van y vienen innumerables veces de una orilla a otra. El ambiente es efervescente, joven y vanguardista. Algunos antiguos almacenes se han convertido en hoteles y otros en salas de creación y exposición de un arte nuevo, transgresor, industrial. Cualquier proyecto o espacio es sorprendente, como los apartamentos para jóvenes construidos con contenedores de mercancías o el Café Noorderlicht, diseñado como si se tratara de un enorme invernadero. Pero hay otros dos que no os podéis perder. El primero es el Hotel Grua Faralda. Sí, habéis leído bien: una de las enormes grúas de los astilleros se ha restaurado y convertido en un hotel de sólo tres habitaciones (no hay espacio para más) más una sala para eventos que también es estudio de televisión. Cada habitación está decorada de forma diferente, con un diseño contemporáneo marcado por el color y las texturas. Toda una experiencia pues cuando sopla viento, la grúa se mueve… ¡Ah! y en el “último piso” se ha instalado un jacuzzi, para que no le falte de nada.


El segundo es el restaurante Pllek (imagen sobre estas líneas), construido con contenedores industriales junto al río. Aunque no es muy amplia, la carta es variada y los platos suculentos. Pero el concepto de Pllek va más allá: posee una gran terraza (mitad varanda mitad playa de arena) en la que se está de maravilla tomando un coctel y donde se realizan cursos de yoga los sábados y los domingos, se proyectan películas al aire libre o tienen lugar conciertos y sesiones de Dj’s. Vamos, es uno de esos lugares en los que podemos estar horas y horas.


Y lo mismo ocurre con el último proyecto en ver la luz en Amsterdam Noord: el EYE Film Institute, un centro futurista dedicado al cine y, por extensión, a las artes visuales. Exposiciones temporales monográficas, colección permanente, pases de películas en tres grandes salas y un auditórium, conferencias y otro estupendo restaurante con terraza. Pues eso, que nos quedamos aquí, tan agustito…


Datos prácticos:

Cómo llegar. Iberia Express ha inaugurado recientemente una nueva ruta Madrid-Amsterdam con dos frecuencias diarias que pasarán a ser tres a partir de septiembre. Con esta compañía puedes escaparte a la capital holandesa a partir de 39 euros por trayecto.

Dónde alojarse. NH Museum Quarter. Situado muy cerca del barrio de los museos, junto a un tranquilo canal.

Dónde comer. La cocina indonesia está muy presente en Amsterdam debido a la relación entre ambos territorios durante la época colonial. Puri Mas, en el centro de la ciudad, es una muy buena opción para degustar el rijsttafel, un menú de diferentes platos que mezcla cocina e ingredientes indonesios y holandeses.

 

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