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Waterloo, la Ruta de Napoleón en Valonia

En la tarde del primero de marzo de 1815, ante la sorpresa general, Napoleón desembarca con un millar de hombres en la playa de Golfe-Jean, en la costa mediterránea. Acaba de escaparse de Elba, la isla donde había sido desterrado después de la campaña contra Rusia. Forzado a abdicar y a exiliarse, Europa creía haber acabado con el corso...

 

En la tarde del primero de marzo de 1815, ante la sorpresa general, Napoleón desembarca con un millar de hombres en la playa de Golfe-Jean, en la costa mediterránea. Acaba de escaparse de Elba, la isla donde había sido desterrado después de la campaña contra Rusia. Forzado a abdicar y a exiliarse, Europa creía haber acabado con el corso, pero eso sólo era desconocer el orgullo de Bonaparte. Tres semanas después de su desembarco, Napoleón entra en París rodeado de miles de veteranos. A la luz de las antorchas y ante una multitud delirante, es llevado a hombros de forma triunfal para recuperar el poder. Mientras, en Viena, donde se está rediseñando el mapa de Europa, la reacción es inmediata: se movilizan más de medio millón de soldados para dirigirse a la capital gala y aplastar definitivamente a Bonaparte. Comienza para él la campaña de los Cien Días, que se resolverá en Waterloo, con la derrota final del Emperador frente a las tropas comandadas por Wellington...   
 

200 años después

Tras este recordatorio histórico estamos listos para recorrer la Ruta de Napoleón en Valonia, un itinerario de 90 kilómetros que, desde la frontera francesa con Bélgica y hasta Waterloo, sigue los pasos de la última campaña bélica del Emperador que tuvo en su poder casi todo el Viejo Continente. Con esta ruta que celebra los doscientos años de la Batalla de Waterloo, no sólo podremos experimentar aquella marcha épica, sino descubrir todo un patrimonio arquitectónico, cultural, industrial y paisajístico de gran diversidad, relacionado con aquel suceso o con otros de épocas posteriores.

El camino comienza en el pueblo de Hestrud donde Napoleón se detuvo para dar de beber a su caballo y se encontró con un niño que, tras reconocerle, le vaticinó su final: “Usted cree que la victoria siempre está unida a sus pasos, pero pasa y desaparece como el agua de este arroyo. En su lugar, yo me quedaría tranquilamente en mi casa, ya que mañana vuestra estrella seguramente habrá palidecido”. Sabido es que Napoleón no hizo mucho caso a aquellas palabras...

Como hiciera él, seguimos y llegamos a Beaumont, que ha sido a menudo la puerta de entrada a Bélgica para muchos ejércitos invasores. Todavía cuenta con numerosos restos de fortificaciones como la torre Salamandra (siglo XI), que actualmente acoge un pequeño museo de historia local. Cerca de allí, la ciudad de Thuin tiene la particularidad de poseer dos joyas Patrimonio de la Humanidad: un campanario del siglo XVII y las marchas Entre-Sambre-et-Meuse. Se trata de procesiones tradicionales donde los habitantes de la región se visten con uniformes que recuerdan a los del ejército de Napoleón. Cada uno de estos altos en el camino ofrece, además, anécdotas o historias curiosas relacionadas con el gobernante francés: encuentros con personas, lugares en los que descansó o donde tuvo lugar alguna otra batalla, etc.
 

 

Castillos, minas y abadías

De Raignies, considerado uno de los pueblos más bellos de Valonia y donde se conserva la única destilería belga de aguardiente con fruta fresca, llegaremos a Charleroi. No queda mucho de la ciudad que el Emperador atravesó en 1815 ya que fue transformada por la revolución industrial, convirtiéndose en uno de los pulmones económicos de Bélgica. Aquí, en el Bois du Cazier en Marcinelle, tuvo lugar una de las tragedias mineras más importantes de todos los tiempos, en la que perdieron la vida 262 trabajadores. Las antiguas instalaciones mineras se han musealizado y ahora es un destacado espacio de turismo industrial.

Antes de alcanzar Waterloo, pasaremos, entre otros lugares, por la pequeña ciudad de Fleures que conserva el Château de la Paix (célebre por albergar a Napoleón la noche de la batalla de Ligny); Villers-la-Ville, donde no hay que perderse los restos de una de las abadías cisterciense más bellas de Europa; y Le Caillou, donde se instaló el último cuartel militar de Napoleón. Y, llegados a Waterloo, entraremos en el famoso campo de batalla que se extiende sobre más de 2.500 hectáreas de tierras cultivadas, colinas y valles. El 18 de junio de 1815 se enfrentaron aquí unos 300.000 hombres llegados de toda Europa, deseosos de poner fin a 20 años de guerras y cuya batalla acabó con el mandato de Napoleón Bonaparte. Un centro de interpretación, situado a los pies de la colina del León, y el Museo Wellington, ubicado en la antigua posada donde el duque instaló su cuartel general y donde se firmó la victoria de su ejército, son otros de los atractivos que no hay que perderse.


Una cita en junio de 2015
En 2015 se celebra el bicentenario de la Batalla de Waterloo y, junto a la Ruta de Napoleón, Valonia ha preparado un intenso programa de actos y conmemoraciones que tendrán lugar a lo largo del año. Pero las fechas clave son el 18, 19, 20 y 21 de junio donde se recreará la batalla en el mismo lugar donde se produjo: 5.000 participantes completamente uniformados se pondrán en la piel de los soldados franceses y europeos del siglo XIX; 300 caballos, 100 cañones... las cifras son tan ingentes como el mismo acontecimiento. Todo el que quiera vivir la sensación de aquel campo de batalla puede conseguir entradas para los diferentes actos, recreaciones y eventos. Sin duda, será algo difícil de olvidar.  www.waterloo2015.org

Más información

Oficina de Turismo de Bélgica:
Bruselas y Valonia
www.belgica-turismo.es

 

Valonia, una región situada al sur de Bélgica, dedica este año sus esfuerzos a potenciar el cicloturismo a través de vías verdes e itinerarios señalizados, servicios y productos adaptados, eventos y figuras emblemáticas e iniciativas relacionadas con la bicicleta.

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