Europa Blanca. Astún. Aragón. RevistaViajeros
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UN PASEO POR LA EUROPA BLANCA

Desde Jaca hasta el austriaco valle del Inn recorreremos buena parte de Europa buscando las mejores estaciones de esquí. Y cuando decimos mejores, no nos referimos sólo a las pistas de esquí y snowboard, sino también a aquellas que nos ofrecen sugerentes actividades alternativas. Una vez más queda demostrado que el Viejo Continente no es, ni mucho menos, aburrido.

abrumador.

Ese es el primer adjetivo que viene a la cabeza al otear el panorama invernal de Europa. Las posibilidades son tan extensas que es difícil decantarse por una u otra opción. Claro está que la decisión dependerá en gran medida de tres variables: presupuesto, tiempo y nivel de experiencia. Aparte de esto, hemos querido valorar la belleza de los enclaves y las actividades de apresquí, tanto para aquellos acompañantes que no han encontrado todavía la gracia a eso de deslizarse por la nieve como para esos otros que disfrutan combinando jornadas de deportes con visitas a pueblos con encanto y la relajación de los balnearios. De esta manera, os proponemos un recorrido que comienza en el Pirineo Aragonés y finaliza en el austriaco Valle del Inn. La ruta, que tendremos que tomarla como un recorrido ficticio, promete ser entretenida, activa y sugerente. 

Europa Blanca. Zermatt. Los Alpes. RevistaViajeros

En Zermatt, considerado el corazón de los Alpes, los descensos son interminables.

¡El invierno no es sólo para las tardes de sofá y manta!

jaca, punto de partida

Jaca es una ciudad de gran solera, hermosa y de ubicación envidiable. Aúna un intenso y rico pasado que convive con la ajetreada vitalidad y sangre fresca que portan en sus maletas los habitantes de segunda residencia y los ocasionales, atraídos la mayoría de las veces por sus posibilidades turísticas. Entre ellas, las callejuelas de la ciudad vieja, tascas de toda la vida, la ciudadela, la catedral y otros edificios históricos de interés. Una vez aclarado esto, vayamos ya a descubrir dos de los complejos de esquí que han sido la excusa para acercarnos hasta esta plaza aragonesa.

Por respeto a los galones y a la sabiduría que otorga la experiencia, Candanchú será nuestra primera elegida. Y es que desde el año 1928, ni más ni menos, se halla en funcionamiento. Además, puede presumir de haber sido la primera estación en implantar los cursillos de esquí, los cuales mantienen intacta su calidad y fama. Con 40 km esquiables y un desnivel de 870 metros, ofrece una buena remesa de pistas que se adaptan a todos los niveles. No debemos caer en el error de pensar que su longevidad es sinónimo de antigüedad: cada año intenta renovarse y adaptarse a las nuevas tendencias. Entre otras, un snowpark en la zona del Tobazo Bajo, la instalación de 7 cañones de nieve y los servicios de guardería y el parque Infantil. No podemos obviar que su versatilidad y buen hacer han hecho de ella un lugar habitual en las competiciones de más alto nivel y que cuenta con curiosidades como el hecho de albergar el único estadio de biathlon de España –deporte que combina el esquí de fondo con el tiro al blanco–. Candanchú, un clásico que cada temporada se pone un traje nuevo.

Pasamos con un pequeño salto –dos kilómetros– hasta Astún. Si la anterior era la más antigua y experimentada de Aragón, ésta, su vecina, es la más moderna de la comunidad autónoma. Su privilegiada orientación, en un valle transversal al eje pirenaico, protege a la estación de vientos y ventiscas incómodos. Aquí, además, todos los caminos llevan a Roma ya que los descensos finalizan en una gran plataforma central (con lo que es muy fácil orientarse). Las bajadas son largas, hecho valorado por los que prefieren la tabla de snow, deportistas que desde el año pasado pueden disfrutar de un snow park y un half pipe. Dicen los que saben, que la nieve aquí es de gran calidad; también se comenta que el éxito de esta estación radica en no acomodarse y estar siempre atenta a las necesidades de los deportistas.

andorra, siempre el artista invitado

Es casi imposible no mentar a Andorra si hablamos de esquiar –y más si lo hacemos desde una perspectiva española–. Nuestro país vecino es todo un referente en este sentido y, entre todas sus posibilidades, esta vez nos centraremos en las que nos ofrece Granvalira. Situada en el nordeste del Principado, en las parroquias de Encamp y Canillo, es el mayor dominio esquiable de la Península Ibérica. Léanse las siguientes cifras que casi marean: 110 pistas de diversos niveles de dificultad –conformando una superficie total de más de 200 km–, 3 áreas de freestyle, 67 remontes, 40 puntos de restauración y 7 accesos. Entre sus diferentes sectores, hallaremos algunos más recomendables para familias y principiantes –el caso de Canillo o Soldeu–; otros, como El Tarter, donde irse con amigos para disfrutar por la mañana con los descensos más extremos, y por la noche, con la animación de pubs y discotecas; incluso hay lugar para los amantes de los espacios vírgenes que en Grau Roig encontrarán los paisajes y la virginidad que buscan. Como veis, Grandvalira es un gran complejo que se puede saborear desde diferentes perspectivas.

Suena a frase hecha pero este dominio andorrano se ha esforzado para que cada visita sea diferente. Así, aparte del esquí y del snow, se puede disfrutar con multitud de actividades extras que marcarán las vacaciones blancas. Entre otras aventuras, podréis probar los vuelos en helicóptero, raquetas y motos de nieve, una pista cronometrada, el ski ratrac –acceso a los mejores puntos de freeride a remolque–, construir un iglú, bucear bajo el hielo, pistas nocturnas iluminadas, viajes panorámicos en una oruga con cabina, etc. Y para descansar de tanto ajetreo, las instalaciones de Caldea nos esperan, junto a las compras para los amantes del shopping.

Europa Blanca. Gran Valira. Andorra. RevistaViajeros

Aparte del esquí y del snowboard, Grandvalira, dominio stuado en Andorra, ofrece multitudd de actividades extras. Entre otras opciones, vuelos en globo y paseos en motos de nieve.

Llegamos a Francia: los Alpes del Sur

En el corazón de los Alpes del Sur, en el macizo del Mercantour y próxima a Niza, Isola 2000, ofrece más de 120 km de dominio esquiable enmarcado por una gran belleza. Así, en esta primera frase hemos destacado dos de sus virtudes más fácilmente reconocibles: cercanía a España y paisajes de aúpa. Hay que añadir que es una estación cómoda para las familias y la gran cantidad de horas de sol de las que disfruta, lo que hace el viaje más agradable.

Volviendo a la ficha técnica, hay que decir que cuenta con 42 pistas diferentes –3 negras, 11 rojas, 21 azules y 7 verdes, que se sitúan desde los 1.800 hasta los 2.610 metros– que se adaptan a casi todos los niveles. Incluye, entre otras opciones, un completo snowpark –conocido como Tony Snowland– donde perfeccionar trucos o empezar a soltarse con la tabla. En fin, que hablamos de un resort cómodo, versátil y apetecible. Además, recordar que la cercanía de la que hablábamos antes permite ajustar el viaje a todo tipo de presupuestos –existen interesantes packs de agencias que ofrecen autobús, alojamiento y forfait a precios económicos–.

Por otra parte, es un buen ejemplo de cómo han evolucionado los dominios de esquí en los últimos tiempos. A las actividades clásicas –léase esquí, snowboard y raquetas de nieve– se unen otras como el patinaje, los paseos en carruajes de caballo por la nieve, la relajación en un centro termal o las emociones del parapente o del speed flying… ¡Incluso se puede conducir un kart en el hielo!

en el corazón del piamonte.

El Piamonte es sinónimo de paisajes abrumadores y de gastronomía de paladares finos. Cualquier época del año es buena para acercarse a esta región italiana. Y si es invierno, no queda más remedio que hablar de sus posibilidades de deporte activo. Dirigimos nuestras miradas a un objetivo muy apetecible para estos menesteres: el Alto Valle di Suza.

Encumbrado a lo más alto –y nunca mejor dicho– del panorama de los deportes de invierno por los Juegos Olímpicos de 2006, su poder de seducción sigue intacto. Encontraremos aquí dos grandes dominios esquiables, Bardonecchia y Via Lattea, que juntos conforman un espectro de posibilidades muy sugerentes. El primero de ellos es todo un clásico –más de 100 años de experiencia– y una alternativa muy a tener en cuenta para los que buscan instalaciones de calidad y nieve de primera.

Via Lattea, por su parte, es un extensísimo complejo –más de 400 km repartidos en 200 pistas– que reúne bajo un mismo nombre a cinco estaciones. Una de ellas, Sestriere, ha llamado poderosamente nuestra atención. Veamos el porqué.

Considerada por muchos la estrella del dominio, se dice que ha sido el primer destino de nieve moderno de Italia. Es famoso por su glamour y lujo, aunque también es posible disfrutar de ella con un presupuesto más ajustado. Pero no debemos pensar que se trata de un lugar sólo donde ver y dejarse ver, ni mucho menos. Su fama está justificada por los descensos que regala, de gran longitud y belleza. Cuenta con pistas donde se han celebrado las competiciones de más alto nivel. Aquí se puede esquiar de noche, por trazados muy técnicos, otros vertiginosos, lanzarse desde casi 3.000 metros de altura… Mención aparte merece su snowpark. Situado en la localidad de Alpette, se divide en dos áreas: principiantes y expertos. Allí os esperan todo tipo de extras para la práctica del deporte que lleváis un año esperando: box, funbox, rail, ride, kickers, wall, quarter pipe, spina, half-pipe, etc.

Europa Blanca. Bardonecchia. Suiza. RevistaViajeros

Bardonecchia y Sestriere son dos de las estaciones más famosas del Alto Valle de Suiza.

Es importante resaltar que Bardonecchia cuenta con una ventaja competitiva frente a otros dominios: la calidad de su gastronomía, lejos del típico self service de este tipo de instalaciones, y alojamientos con encanto.
Así, se puede disfrutar de restaurantes y coquetos hoteles, siempre en un entorno idílico.

La vitalidad de Innsbruck

Cuando se visita Innsbruck en seguida se percibe el dinamismo que emana la ciudad. A su encantador casco histórico y los alrededores bucólicos, se suma una jovialidad desbordante. Los universitarios tienen mucho que decir en esto. Además, hay una razón que confirma lo anterior: los primeros Juegos Olímpicos de la Juventud de Invierno del mundo. 

Para aquellos que no se sientan atraídos por el evento citado, la ciudad austriaca ofrece sus virtudes de siempre. Y es que por algo es conocida como la capital de los Alpes. Para que os hagáis una idea, con el forfait del Olympia Skiworld –así se conoce a este impresionante dominio– tendréis acceso a 9 estaciones de esquí, 90 funiculares y remontes, y más de 300 kilómetros de pistas para hacer felices a esquiadores, snowboarders, carvers y amantes de la nieve virgen. Y todo ello con la comodidad de los autobuses gratuitos que parten desde Innsbruck –existen otro tipo de transportes, como los funiculares y teleféricos–.

Si, en cambio, vuestra idea es descubrir un lugar más tranquilo y apacible pero también con facilidades para la práctica de los deportes de nieve, debéis saber que en los alrededores de el Tirol encontraréis una buena remesa de pueblecitos, con alojamientos a pie de pistas que son como postales pero con la ventaja de que se pueden palpar y sentir.

La guinda final: Zermatt

Y como guinda final a este recorrido europeo, seguramente el lugar más espectacular: Zermatt. Situado a los pies del mítico Matterhorn (Cervino, en su vertiente italiana), en el cantón suizo del Valais, se puede considerar como el corazón de los Alpes. Es el lugar que todos –los amantes de las tablas nos referimos– ansían conocer. Tan sólo dos particularidades nos pueden echar para atrás: no es muy apropiado para los principiantes y quizás resulte un poco caro –aunque no al estilo de las estaciones más chic o glamurosas–. Aparte de estas dos consideraciones, es realmente espectacular.

Zermatt se divide en tres áreas –Sunnegga-Rothorn, Gornergrat-Stockhorn y Schwarzsee-Matterhorn glacier paradise– que se hallan conectadas pero a las que se accede desde tres puntos diferentes. En total suman casi 350 km esquiables de gran altitud, hecho que asegura una temporada larga –en algunos puntos todo el año– y descensos interminables disfrutando de nieve de primera calidad. Como decíamos, casi todas las pistas presentan cierta dificultad –el porcentaje de azules no llega al 10%–. 

Zermatt – Matterhorn es un resort que se ha ganado un lugar de honor dentro de las actividades invernales. No sólo hablamos de esquiar y de snowboard, sino también de otro tipo de deportes, siendo el montañismo seguramente el más destacado. El emplazamiento y la audacia suiza hacen de este lugar un mundo de curiosidades y grandes marcas. Atentos a la siguiente lista:

• Gracias a un espectacular y serpenteante tren cremallera –el de mayor altitud al aire libre de Europa y que data de 1898– es posible subir a lo alto de un mirador en el pico Gornergrat y disfrutar de sus panorámicas a más de 3.000 metros de altura. Aquí encontraremos un hotel inigualable –también por aquello de la excelsa ubicación–: el Kulmhotel.

• Si no nos gustan los raíles, es posible tomar un teleférico y alcanzar el punto más alto accesible por este tipo de transportes de Europa: el Matterhorn glacier paradise station. Aparte de las vistas, también de las que dejan huella, cuenta con un restaurante renovado y una atracción realmente singular: el Palacio Glaciar. Allí, a 15 metros debajo de esta escultura natural de hielo, aprenderemos todo acerca de este tipo de formaciones en un entorno inigualable.

• El pueblo de Zermatt conserva su arquitectura alpina de toda la vida. Bien es verdad que en temporada alta el trasiego de los deportistas venidos de todo el mundo resta paz al lugar, pero no por ello deja de ser muy llamativo. También lo es el hecho de que aquí no hallaremos ningún vehículo a motor, tan sólo aquellos propulsados con electricidad. Y es que los suizos son gente que se preocupa por preservar los entornos naturales.

Recordad tan sólo una cosa: es una de las mecas del esquí. Por algo será.


 

Texto y fotos: Editorial Viajeros, Turismo de Suiza, Vallnord y Turismo de Francia

El invierno aún puede dar mucho de sí. Ya estáis tardando en sacar los esquís del trastero. Y si nunca hemos tenido, pues lo alquilamos. Mejor aún, nos podemos atrever con el snowboard o con las raquetas de nieve. Algunos pensarán que no están para esos trotes; pero que no se preocupen, para ellos también tenemos tentaciones.

Texto y fotos: David Santiago

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