Textos y fotos Carolina Casado Parras (Londres)
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ISLANDIA. Un planeta en Europa

Un todoterreno, una carretera, un sinfín de caminos y dos semanas para dar la vuelta a una isla tan joven geológicamente que apenas tiene árboles. Si lo que ansías ver cuando viajas son paisajes imposibles, escenas que solo la naturaleza más brutal es capaz de concebir, te presento tu próximo destino: Islandia.

El número de visitantes a la isla, y de artículos al respecto, se ha disparado desde 2010. Además, su infraestructura hace que la mayoría hagan un recorrido similar, por eso no voy a narrar mi viaje en orden cronológico, sino que voy a compartir tres parajes de ensueño que se salen un poco de la ruta habitual y algunas observaciones que podrían ser útiles para futuros visitantes.

EL CAÑÓN DE BASALTO DE STUDLAGIL

El primer lugar es el cañón de basalto de Stuðlagil, en el este de la isla. Es un sitio que, hasta hace poco, estaba fuera del radar de muchos turistas. Es fundamental ir a la orilla este, desde donde se puede bajar a la garganta. Para ello, hay que llegar en 4x4 por el camino 923 hasta Klaustursel y caminar unos 5 km hasta el cañón. Normalmente, el azul del agua contrasta con las columnas de basalto. Yo fui después de una tormenta enorme y el agua turbia hizo que la imagen perdiera un poco de lustre. En cualquier caso, es un regalo para la vista. Y para que el recorrido se haga más ameno, hay una cascada a mitad de camino, Stuðlafoss, enmarcada también por columnas de esta roca.

LA CASCADA ALDEYJARFOSS

El número dos, es uno de los sitios más especiales que vi, aparte de los muchos glaciares, claro. La cascada Aldeyjarfoss, en el norte, fue un deleite inesperado que no estaba en el plan. Estar casi a solas con un espectáculo natural con tanta fuerza es una experiencia muy íntima que te ayuda a enfocar la realidad, a ser aún más consciente de lo increíblemente pequeños que somos. Merece la pena seguir el curso del río unos minutos para descubrir otras cascadas. Hay zonas donde, si te gusta avanzar por rocas haciendo uso de manos y pies, se puede bajar hasta el río para ver las paredes desde abajo.

 

HVERADALIR

Por último, un rincón en las tierras altas centrales: la zona geotérmica Hveradalir, en la cordillera Kerlingarfjöll. Al admirar el paisaje en este lugar tan aislado, casi de inmediato te preguntas: «¿cómo es posible?». Colinas revestidas de togas de hielo se rinden ante fisuras humeantes y piscinas de azufre. Y si dejas a un lado las fétidas columnas de vapor y sigues subiendo, te encontrarás a solas con una lengua blanca que desciende hacia este infierno.

 

Estés donde estés en Islandia, es importante mantener los ojos bien abiertos. Hacerlo siempre supone una recompensa. Por ejemplo, quizás te topes con arcoíris de larga duración que se dejan admirar de principio a fin y a los que les gusta revelar con una claridad inusual los siete colores con que se visten; o quizás notes que el agua fría del grifo es la más pura que has bebido en tu vida; o quizás te des cuenta de que no hay cadenas de restaurantes de comida rápida; o quizás se cruce en tu camino un zorro ártico y te deje preguntándote si ha sido real o si tu imaginación te ha jugado una buena pasada; o quizás… tengas que ir para descubrir estas y muchas más cosas.

 

Desde el momento en que aterrizas entre campos de lava hasta el momento en que dices adiós, te preguntas si, efectivamente, sigues en Europa, en la Tierra. Y la respuesta es sí, pero también es no. Has llegado al planeta Islandia.   

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