Textos y fotosFernando Pastrano y M.A. Díaz de Cerio
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ESTONIA. Wifi en el bosque del lobo

Estonia es, a la vez, el escenario ideal para un cuento infantil y un país moderno que usa las más recientes vanguardias tecnológicas. Aquí las historias de hadas se mezclan con los smartphones. En cualquiera de sus bosques, el lobo de Caperucita podría estar llamando por el móvil a la abuelita o votando por Internet en las elecciones presidenciales.


En Estonia el bosque es omnipresente. Nada más salir de una ciudad, da igual la que sea, los pinos, los abetos, los enebros, los robles (y hasta 90 especies distintas) dominan el paisaje. ¿Naturaleza en estado puro? Aparentemente sí. La vista, el oído, el olfato no detectan nada artificial. Verde por todas partes en verano, blanco de nieve en invierno. Pájaros cantando, susurro del viento entre los árboles. Lobos (hay más de mil), osos, linces, alces, ardillas... Olor a hierba cortada, a resina de pino, a salazón marinera. Pero si conectamos el móvil, veremos que no estamos solos, aunque no veamos a nadie. Es más que probable que tengamos cobertura, y muy posible que haya hasta wifi en la espesura del bosque, un bosque cuidado, coquetón, que parece el del cuento de Caperucita y el lobo.

Estonia es un paraíso de la naturaleza, gran parte de su territorio forma parte de zonas naturales protegidas. Acantilados que se reparten por sus 3.800 kilómetros de costas. El más alto, el de Ontika, con 56 metros sobre el nivel del mar. Más de 1.500 islas, piedra caliza abundante con la que se construyeron grandes ciudades medievales como Tallin. Noches blancas invernales en las que el sol sólo se pone durante unos minutos. Lugar de paso de muchas aves migratorias.

La bandera nacional, con la sencillez de los símbolos, lo explica todo: azul como su cielo sin contaminar, negro como feraz su tierra, blanco como la nieve que la cubre en invierno. Situada entre el Este y el Oeste, entre Oriente y Occidente, Estonia fue durante la Edad Media el punto fronterizo más oriental de la civilización cristiana. Los estonios son uno de los pueblos más antiguos de Europa y han pasado por muchos trances. A partir del siglo XIII fueron conquistados por alemanes, daneses, suecos, polacos y soviéticos. Siempre acosada, deseada, forzada.



Y aunque sólo desde 1991 es independiente, hoy es un estado emergente que ha sabido aprovechar muy bien el tiempo perdido. Su desarrollo ha sido notable en los últimos veinte años. Con un 99,8 por ciento de alfabetización, es uno de los países más letrados del mundo. Y de los europeos, el que tiene menos deuda pública en relación a su PIB (6%), con un incremento anual en su PIB del 7,6% (2011), un PIB per capita de 19.320 dólares y una tasa de paro de sólo el 10%.

Estonia es un país pequeño (45.226 km², similar a la superficie de Holanda) que se puede recorrer en coche de un extremo al otro en apenas 4 horas. Pero muy poco poblado (1,34 millones de habitantes), doce veces menos que los Países Bajos.

Los estonios tienen fama de ser reservados, individualistas, trabajadores... de saber conservar lo viejo y, a la vez, hacer un huequito para implantar lo nuevo. Aunque este equilibrio no sea fácil de mantener y la magia del cuento de hadas se haya roto en algún momento. Como toda Europa, también siente los embates de la crisis. El crecimiento económico de los últimos años ha sido muy grande, por lo que la moneda (la corona) estaba sobrevalorada. Estonia también tuvo su propia burbuja inmobiliaria que se tradujo en nuevos edificios, muchos de ellos resultado de la modernización de viejas casas de la época soviética, que aún no han sido erradicadas totalmente. El 1 de enero de 2011 se convirtió en la primera ex república soviética en adoptar el euro como moneda oficial.

Un país electrónico

A muchos estonios les gusta decir que viven en un “país electrónico”. Tienen motivos para ello. El 77% de ellos usa Internet y el 98% de las transacciones bancarias las hacen on line. Por cada 100 estonios hay 120 teléfonos móviles. Como ya hemos dicho, prácticamente todo el territorio se encuentra bajo la cobertura de Internet inalámbrico, en muchos lugares gratuito, incluidos autobuses y trenes. Desde hace tiempo se ha generalizado la firma electrónica, se puede pagar el aparcamiento del coche mediante un mensaje SMS y se puede votar por on line en las elecciones presidenciales. En Estonia se inventó en 2003 el conocido sistema de telefonía gratuito Skype.

Tallin, una ciudad amurallada

Tallin, la capital, a la que algunos amantes de los estereotipos llaman la Praga del Norte, parece el escenario de otro cuento, esta vez de hadas. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997, el viejo Tallin es una ciudad amurallada con gran cantidad de edificios medievales, góticos tardíos, barrocos... de los siglos XIV al XVIII. Paseando por las callejuelas del centro no se tiene la sensación de encontrarse en una ciudad de más de 400.000 habitantes. Las murallas encierran y preservan este pequeño- gran tesoro.

Es recomendable acercase al mirador de Patkuli para tener la panorámica más bonita de la ciudad. Para ello, subiremos a la zona alta porque la antigua Reval (éste era el nombre de Tallin) estaba y está dividida en dos partes: la Ciudad Alta, llamada Toompea (colina de la Catedral), donde se edificaban las viviendas de los nobles, y la Baja, la del pueblo llano. Extramuros nos encontramos con la urbe moderna, pero ese es otro Tallin.


El centro de todo, en la Ciudad Baja, es la Plaza del Ayuntamiento (Raekoja Plats), que se llama así por un sobrio edificio del siglo XV. Es el único ayuntamiento de estilo gótico del norte de Europa, con un sencillo cuerpo de piedra y tejado de dos aguas sobre el que se alza una esbelta y alta torre (64 metros), destruida en la Segunda Guerra Mundial y reconstruida en 1950. En la punta de la aguja está el Viejo Tomas o Vana Toomas (ver recuadro).

Enfrente hay una farmacia, dicen que la más antigua de Europa, en la que cuenta la leyenda que se inventó el mazapán. Conviene caminar sin prisas por las callejuelas empedradas de los alrededores para empaparnos del espíritu del Tallin medieval.

A la parte alta podemos subir por la adoquinada calle Nunne (de las Monjas). Allí nos encontramos con la catedral luterana (Toomkirik) del siglo XIII y blanquísima fachada. Un poco más allá, la iglesia católica de Santa María, también del siglo XIII. Pero lo que destaca más en todo el barrio es la pintoresca catedral ortodoxa de Alejandro Nevsky, con un diseño marcadamente ruso es del siglo XIX.

La parte moderna de Tallin, especialmente la zona sureste de la ciudad, ha emprendido una carrera para modernizar los edificios heredados de la época soviética, o simplemente para derribarlos y construir otros nuevos. En torno al barrio de Gonsiori han surgido una serie de rascacielos.

A las afueras, en la zona de Pirita, está la torre de la televisión de 170 metros, cuya visita no tendría mayor interés si desde su cafetería mirador no se abarcase una espectacular vista sobre los inmensos pinares que rodean la ciudad. Cerca se encuentra el parque de Kadriorg, con el palacio construido por el zar Pedro I, en el siglo XVIII, como residencia de verano para la zarina Catalina.


Un paseo por las islas

Pero no nos circunscribamos a la capital. Viajando hacia el oeste llegaremos al puerto de Kuivastu, donde cogeremos el ferry hasta la isla de Muhu, la tercera más grande de Estonia (198 km²). Es aquí donde se encuentran algunos de los molinos de viento que quedan en pie y parte de los dos mil habitantes que todavía viven en confortables casas de madera con techo de paja.

Desde Muhu pasamos en coche por una calzada a Saaremaa, la mayor isla de Estonia (2.673 km²). En Kuressaare, su capital, se halla el castillo del Obispo, del siglo XIII, la única fortaleza medieval completa de los países bálticos.

 

Puedes seguir leyendo más sobre este destino en la edición imporesa de Viajeros nº 170

Texto y fotos: Editorial Viajeros

Estonia, un país pequeño y recoleto, nos llama desde el norte de Europa. Comenzamos el recorrido en Tallín, cuyo casco histórico está envidiablemente conservado. Seguiremos por Tartu, su imparable vida nocturna estudiantil y las aventuras en el río Ahja. Al final llegaremos a los asentamientos de los Viejos Creyentes y de los Setos en el lago Peipsi.

Texto y fotos: Editorial Viajeros

Una forma agradable y diferente de visitar Estonia es en coche o en moto. Este país del norte de Europa cuenta con unas excelentes infraestructuras por lo que es muy sencillo y cómodo realizar este tipo de viaje por nuestra cuenta. Visit Estonia propone los diez lugares del sur del país que no podemos perdernos si organizamos nuestro propio fly & drive.

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