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Estonia. Tallín, Tartu y el lago Peipsi

Estonia, un país pequeño y recoleto, nos llama desde el norte de Europa. Comenzamos el recorrido en Tallín, cuyo casco histórico está envidiablemente conservado. Seguiremos por Tartu, su imparable vida nocturna estudiantil y las aventuras en el río Ahja. Al final llegaremos a los asentamientos de los Viejos Creyentes y de los Setos en el lago Peipsi.

Mi calendario marca el 1 de octubre de 2017. Sin embargo, las calles coquetas, serpenteantes y empinadas de Tallín, junto con sus impecables edificios recientemente rehabilitados, parecen contradecir el almanaque. Gran parte de su casco histórico, declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco, presume de mantenerse de la misma forma desde el siglo XV y me permite, gracias a mi no pequeña imaginación y a la buena rehabilitación vivir historias de la época medieval. Las cuidadas fachadas de las casas de poca altura, los estilizados tejados a dos aguas, las calles empedradas, las torres de la muralla y el castillo de la capital me ayudan.

Continúo tejiendo mi novela particular inspirándome en la visita, en el sur del país, de los asentamientos de los viejos creyentes y de la tradicional cultura Seto del sureste o de los bucólicos alrededores naturales del río Peipsi. Mi relato sigue tomando forma con la animada vida nocturna de la localidad de Tartu regada con varios licores locales. Sin embargo, antagónicos destellos de contemporaneidad, como la presencia de las grandes cadenas hoteleras y entidades financieras que conviven en Tallín, así como el hecho de que las redes wireless cubren casi todos los puntos de la misma –parques, alojamientos, restaurantes, etc.–, nos recuerdan que su incorporación a la UE en el 2004 responde a razones de peso.

El escenario de un cuento, Tallín

El centro de la urbe más grande del país se halla en perfecta conservación –debido a que permaneció tranquila hasta el siglo XX– y parece estar hecho para ser deshojado paso a paso. La belleza que te sorprende en cada rincón se debe a dos hechos fundamentales. Por un lado, a la importancia que le otorgó la gran actividad comercial que desarrolló hasta el siglo XVI. Y por otro, por las huellas, reflejadas en fortificaciones, templos religiosos y demás construcciones, que dejaron los diferentes pueblos que desfilaron por su reinado –de manos danesas pasó a alemanas, suecas y rusas hasta que en 1991 recuperó su independencia total–. Pese al yugo al que debió estar sometida a lo largo de la historia, su naturaleza tranquila le posibilitó mantenerse al margen de las luchas y guerras europeas hasta el siglo XX y le ha valido para conservar uno de los mejores cascos históricos de Europa.

Empezamos nuestro periplo por la Ciudad Alta o Toompea, donde vivían los caballeros y las clases adineradas de la sociedad. Su ubicación sobre la colina homónima ofrece unas panorámicas que no te debes perder, sobre todo desde el mirador Patkuli. Las primeras edificaciones se levantaron alrededor del castillo que data del siglo XIII. El conjunto, de estilo barroco y neoclásico, se encuentra rodeado por unas murallas bien conservadas. Dado su carácter defensivo, cómo no, el subsuelo se halla horadado por multitud de pasajes que fueron olvidados y redescubiertos en 2004.

Kiek-in-the-Kök es el bastión principal de este barrio y se constituyó en el siglo XVI como una de las torres artilleras más importantes de Europa con sus 38 metros de altura. Recientemente se ha reabierto la exposición sobre la utilización de sus túneles y las fortificaciones de la urbe. Aquí los visitantes realizan un viaje a través del tiempo desde 1229. Existen a su vez los que se hallan excavados en los montes de Harju y Linda –a poca distancia–, abiertos al público. A lo largo de tu camino, te sorprenderás por la sobriedad de la Catedral de Santa María Virgen –a base de madera, es la más antigua de la nación– que contrasta con la brillante Alexander Nevsky –mandada erigir por los rusos y de estilo neobizantino–.

 


Con el apogeo del comercio, los mercaderes fueron levantando sus casas a los pies del monte. Y poco a poco se fue gestando un entresijo de vías encantadoras donde perderte es un placer. La atracción principal es la Plaza del Ayuntamiento, muy animada durante todo el año. En la calle Viru cientos de turistas se entrecruzan a todas horas del día: unos para fotografiarse en la famosa puerta del mismo nombre, símbolo de la ciudad, y otros para llegar al edificio municipal y su farmacia, con su aspecto medieval y una de las más antiguas de Europa. Uno de los edificios más importantes es el Gran Gremio, un magnífico ejemplo de gótico tardío. En su interior podrás entrar en el Museo de Historia de Estonia y recorrer los avatares de este pueblo. Y si lo que buscas son reliquias, no dudes en acercarte a la Iglesia Niguiliste, diseñada en el siglo XIII y cuyos tesoros son de dos siglos después, los únicos que se conservaron tras las revueltas reformistas.

 


A la época de los zares no debemos únicamente el llamativo templo antes nombrado sino que también nos dejaron otras muestras más impresionantes como el Palacio de Kadriorg, fuera ya del casco. El esplendor del imperio bizantino queda así reflejado en este edificio barroco mandado construir por Pedro El Grande como su residencia de verano. Alrededor de él, se dibuja un gran parque donde los oriundos practican sus deportes favoritos. Además, en las calles adyacentes se levantan interesantes museos para delicia de los turistas.

 

 


Rumbo al sur: intelectualidad y naturaleza

Tal vez eches en falta un poco de movimiento... Entonces, la localidad universitaria de Tartu es tu lugar: una parada perfecta para tomar el aire, antes de adentrarnos en el sur de Estonia. Aquí se encuentran los pubs y bares más concurridos del país entero. Seguramente sea porque se trata de una ciudad joven y estudiantil. El papel de su Universidad, fundada en el siglo XVII por los suecos, a lo largo de la Historia ha conseguido convertirla en un importante foco cultural con una atractiva agenda para todos aquellos amantes del Cine, del Teatro, etc. y, sobre todo, para quienes busquen animación nocturna.
 
Antes de iros, aseguraos de haberos acercado al interesante Museo de las Celdas de la KGB. También debéis pasar conteniendo la respiración por la Puerta del Ángel (una leyenda cuenta que así se cumplirán los deseos de cada uno) en el Toomemägi, donde se encuentran gran parte de los órganos estudiantiles.


Este es el momento perfecto para disfrutar de la Naturaleza. Opta por un intenso día de rafting en el río Ahja, disfruta de los acantilados de Taevaskoja y conoce las misteriosas leyendas que esconden las cuevas excavadas en sus paredes. Si prefieres un día de relax, aquí puedes descansar al sol porque cientos de oriundos acuden a las orillas del lago artificial Polva. Muy cerca, y gracias a diversas carreteras que lo bordean, puedes descubrir tranquilos rincones en el Lago Peipsi, la quinta masa lacustre más grande de Europa. Sus riberas han sido las elegidas de los Viejos Creyentes y de la cultura Seto para establecer sus aldeas. ¿De qué hablo? ¿Quiénes son? Si no habéis oído nunca hablar de ellos, este es un momento ideal. Reservaos un apretado día en la carretera, dividida en dos tramos, que recorre la orilla durante 102 kilómetros.

 


Nuevos pueblos al descubierto: los Viejos Creyentes y los Setos

A finales del siglo XVII la Iglesia Ortodoxa rusa introdujo reformas. Muchos religiosos se negaron a aceptarlas. Fueron perseguidos y se vieron obligados a escapar, eligiendo las orillas del Peipsi para levantar sus poblados. Conocidos desde entonces como veterocreyentes o Viejos Creyentes, se mantienen fieles a su modo de vida tradicional. ¿Cómo de tradicional? Comprobadlo vosotros mismos acercándoos a Raja, famosa por su iglesia, y Kolkja, donde su Museo de los Veterocreyentes nos ofrece todas las explicaciones necesarias para entender su forma de pensar. Si os animáis podréis degustar la comida local en el restaurante.

Las clases de Antropología no terminan aquí porque los Setos nos esperan unos kilómetros más al sur, en Setumaa. Su particularidad no sólo se debe a hablar su propia lengua, vestimenta y otros valores culturales como la gastronomía o el canto –sus melodías son algunas de las más hermosas del país–. Sino que su rasgo fundamental es la defensa de la Ortodoxia (en contra de la mayoría de los estonios, ya que su región fue cristianizada por esta rama de la Iglesia). Su ferviente sentimiento religioso se confirma cuando contemplas el gran número de templos que salpican sus asentamientos. Normalmente estos permanecen cerrados, excepto en la época de fiestas. Entrar en uno de ellos entonces y deleitarte con sus sonidos es una experiencia que no deberíais perderos.

Diez mil personas pertenecen a esta minoría y dan vida a pintorescos pueblos como Saatse o Obinitsa, en el centro de la región. Distintos locales se han habilitado para dar a conocer quiénes son y qué les hace diferentes. Por ello, no dudéis en acercaros a uno de los centros de información para encontrar el museo, la iglesia o el pueblo que más os apetezca visitar. En ellos os sorprenderéis cuando conozcáis alguna de las estrictas directrices que siguen, algunas muy saludables como la prohibición de fumar.

Como habéis visto, son muchas las posibilidades que os ofrece Estonia. Aún es un enclave poco conocido y especial para aquellos ávidos por descubrir países no explotados. Daos prisa porque cada vez son más los que vuelan hasta aquí: un rincón plenamente europeo que destila todo el aroma de la historia rusa.

 

Te recomendamos...

• Perderte por las calles adyacentes a la Plaza del Ayuntamiento en Tallín.

• Recorrer en la capital los túneles del Bastión en Toompea.

• Tomar el pulso a la vida nocturna de Tartu en el Intelligent Crawl Pub.

• Dedicar un día a recorrer las orillas del lago Peipsi y visitar las poblaciones de los Viejos Creyentes y de los Setos.

 

Texto y fotos: Fernando Pastrano y M.A. Díaz de Cerio

Estonia es, a la vez, el escenario ideal para un cuento infantil y un país moderno que usa las más recientes vanguardias tecnológicas. Aquí las historias de hadas se mezclan con los smartphones. En cualquiera de sus bosques, el lobo de Caperucita podría estar llamando por el móvil a la abuelita o votando por Internet en las elecciones presidenciales.

Texto y fotos: Editorial Viajeros

Una forma agradable y diferente de visitar Estonia es en coche o en moto. Este país del norte de Europa cuenta con unas excelentes infraestructuras por lo que es muy sencillo y cómodo realizar este tipo de viaje por nuestra cuenta. Visit Estonia propone los diez lugares del sur del país que no podemos perdernos si organizamos nuestro propio fly & drive.

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