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VIAJES. Panamá en 4 experiencias

Conocido esencialmente por su Canal, que conecta el Océano Pacífico con el Atlántico, y como centro financiero y de negocios, Panamá comienza a posicionarse como uno de los nuevos destinos turísticos en América. Proponemos cuatro experiencias diferentes que servirán de introducción para el viajero que llegue por primera vez a este montañoso país situado en el istmo que une Sudamérica con América Central.

Conocido esencialmente por su Canal, que conecta el Océano Pacífico con el Atlántico, y como centro financiero y de negocios, Panamá comienza a posicionarse como uno de los nuevos destinos turísticos en América. Proponemos cuatro experiencias diferentes que servirán de introducción para el viajero que llegue por primera vez a este montañoso país situado en el istmo que une Sudamérica con América Central.

Por Valentín Rodríguez Fotos: Varios/ OT Panamá


Con la ampliación del juego de esclusas del Canal de Panamá para permitir el paso de barcos de mayor calado, este país centroamericano ha vuelto a atraer la atención de todo el mundo. Las obras de este proyecto titánico se pueden seguir desde un mirador panorámico ubicado en el lago Gatún y pueden ser una curiosa visita en un viaje a Panamá, pero nosotros hemos preparado un recorrido que contiene otros cuatro destinos o experiencias que no debéis dejar de contemplar.

Caminar por la vieja ciudad de Panamá

El impresionante perfil de rascacielos que se levanta en la bahía de Panamá, a la orilla del Océano Pacífico, es una de las imágenes con que suele quedarse el visitante que llega a esta ciudad. La Manhattan Latina, la llaman algunos, pues además de estos enormes edificios, la capital de Panamá es una ciudad cosmopolita, multicultural y multirracial. Pero lo que proponemos es dar una vuelta por el que aquí conocen como Panamá Viejo, es decir, el casco antiguo, donde está el origen de la ciudad y que es un auténtico museo arqueológico al aire libre. Lo mejor es dejar el coche en otro lado y recorrer a pie sus calles estrechas y adoquinadas, donde se suceden las antiguas casas, hoy restauradas, pintadas de colores y, muchas, convertidas en pequeños restaurantes, comercios de artesanía y hostales. Su pasado tiene tanto que ver con los españoles como con los franceses, pues fueron estos los que iniciaron la construcción del Canal. A eso se debe que encontremos topónimos, nombres de calles y plazas o restaurantes donde la cultura francesa está muy presente, como la plaza de Francia, llena de puestos de artesanía y de galerías de arte. El encanto de esta parte histórica está en caminar por sus calles, pero no hay que dejar de visitar puntos como la Catedral; el Teatro Nacional, una joya del diseño neoclásico; o el Palacio Bolívar, un edificio repleto de historia, donde se firmó la primera constitución del país. La Casa de Gobierno, conocida como el Palacio de las Garzas, o el Instituto de Cultura son otros ejemplos de la impronta hispánica. 


Un paseo por Portobelo

La segunda experiencia en Panamá también tiene que ver con el pasado colonial. Para ello nos trasladamos hasta Portobelo, una ciudad situada casi en perpendicular con la capital, pero en la costa opuesta, ubicada igualmente en una bahía que Cristóbal Colón consideró tan hermosa que bautizó como Puerto Bello. Todavía queda aquí el poblado construido de piedras y adobe, y el fuerte defensivo que, al parecer, tuvo bastante trabajo a lo largo de la historia. Aquella ciudad fue uno de los puertos más activos y estratégicos de la Corona Española en el Nuevo Mundo y aquí se celebraban importantes ferias comerciales (llegó a ser el epicentro económico del tráfico de toda América hacia Europa) por lo que corsarios y piratas eran unos de sus “visitantes” más asiduos... Seguro que los cañones abandonados y corroídos que todavía se pueden ver en los fuertes de San Gerónimo y San Fernando tuvieron que emplearse bien en defender este lugar. Todo el conjunto defensivo y las estructuras coloniales de Portobelo fueron declaradas Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1980. Pasear por aquí es como hacerlo por un decorado de película, y no es difícil imaginar los asaltos piratas y el ambiente de los antiguos puertos y ciudades caribeñas que el cine de aventuras nos ha presentado en centenares de rodajes míticos. En esta ciudad todavía tendremos que ver su conocido icono religioso: el Cristo Negro, una imagen tallada en madera, a la que se le atribuyen numerosos milagros. Llegó hasta aquí en el siglo XVII en un barco que se dirigía hacia Perú o Colombia. La leyenda dice que cada vez que el barco zarpaba desde Portobelo se desataba una tormenta que impedía el viaje y hacía necesario que la nave volviera a puerto. Así que se pensó que tal vez aquello tuviera que ver con el Cristo que transportaban, que querría quedarse en aquel lugar, por lo que descargaron la imagen y solo así el barco pudo continuar su rumbo. 

La cultura indígena

El Canal de Panamá no solo es una obra de ingeniería que permite el desarrollo comercial. El proyecto de esta construcción incluyó también la creación de diferentes parques y áreas naturales alrededor del mismo, que preservaran la zona desde el punto de vista ecológico. Así, junto a la misma capital podemos encontrar bosques tropicales y espesas selvas, protegidas bajo la figura de Parque Nacional. La tercera experiencia que os proponemos en este viaje a Panamá consiste en visitar uno de estos espacios, algo más alejado de la capital y, por lo tanto, aún más auténtico. Se trata del Parque Nacional Chagres, a una hora de carretera desde la ciudad.


El río Chagres que le da nombre está justo a la entrada. Es el principal aportador de agua del lago Gatún y, por lo tanto, del Canal de Panamá. El agua dulce es necesaria para el funcionamiento del Canal, ya que contrarresta la salinidad del agua marina, perjudicial para las esclusas. La visita a este parque se suele hacer con agencias especializadas, que es lo más recomendable. Fue creado en 1984 y ocupa una zona de 1.290 kilómetros cuadrados donde viven buena parte de las especies endémicas de fauna y flora del país. Es el territorio, además, de varias tribus de la etnia emberá, como los tusiponos, cuya aldea vamos a conocer. Desde la entrada del parque, un cayuco, una canoa de madera, nos trasladará hasta el poblado. Hay que pasar a la orilla opuesta de este gran río. Allí se divisa una espesa selva tropical. Los veinte minutos del viaje en barca, adentrándonos en este lugar y sobre un caudaloso río, sirven para disparar nuestra imaginación y la adrenalina, pues es una auténtica aventura.

Una vez en la aldea tusipono, un guía de la comunidad nos recibe y nos invita a un desayuno típico, a base de pescado y plátano maduro frito. La llegada de turistas a comunidades como esta ha modificado un poco la forma de vida de los indígenas. Mucha de la artesanía que hacen la dedican ahora a la venta. Podemos ver cómo elaboran objetos con fibras de plantas que tiñen de mil colores y transforman en paños, pulseras y  colgantes.

Este viaje supone trasladarse cientos de años atrás en el tiempo. La relación de los habitantes de la aldea con la naturaleza es asombrosa. Alrededor de una sala o espacio principal se distribuyen, en círculo, el resto de casas: una especie de cabañas construidas sobre pilotes para evitar que pasen animales.


Artesanía de Chitré

Para disfrutar de la cuarta experiencia propuesta en este viaje, tendremos que trasladarnos ahora a la parte occidental del Golfo de Panamá, en la región de Herrera. Aquí está Chitré, conocida como la ciudad donde nadie es forastero. Es la cuarta población en importancia del país y una de las más progresistas. Sus alrededores son realmente llamativos, pero nosotros hemos llegado hasta aquí para visitar los talleres de cerámica de la localidad. Se trata de puestos humildes, con hornos primitivos de donde los artesanos hacen salir hermosas figuras y objetos decorativos (jarrones, búcaros, tucanes...) que después pintan de manera llamativa. El principal artesano de la ciudad, José González, está especializado en máscaras que se utilizan para celebraciones festivas de tipo religioso. En el proceso de elaboración de estas máscaras trabajan varias personas. Los materiales que utilizan son papel de periódico, pegamento y arcilla. Una masa compuesta de estos elementos se vuelca en un molde hasta que queda lista y seca para pasar a la siguiente fase: la de pintado y decorado. Todo es susceptible de convertirse en una de estas máscaras, pero sobre todo encontramos personajes o elementos típicos del folklore local, como diablicos y animales.


Otro artista local, Cándido Alberto Castillo, elabora otros objetos que también se utilizan en las fiestas de la ciudad y de los pueblos vecinos: los tambores. Cándido utiliza la madera, los troncos de los árboles para realizar estos instrumentos musicales. Lleva dedicado a este oficio más de cincuenta años, por lo que su destreza asombra: ¡puede fabricar un tambor en treinta minutos!


Cerca de Chitré se elabora el llamado “pan de Arena”, que lleva el nombre del pequeño pueblo donde se hace. Se cuece en rústicos hornos de leña y es una verdadera delicia que se ha hecho famosa en todo el país. Junto a este pan, aquí se elaboran rosquillas y dulces.

La provincia de Herrera también es la cuna del famoso ron Abuelo. La Hacienda San Isidro, donde se elabora, es el orgullo de toda la nación. Podemos visitarla para ver el proceso de añejamiento de esta bebida y hacer una cata de los diferentes rones. La visita puede incluir un almuerzo típico al final del recorrido.

El ron es desde hace mucho tiempo un símbolo de la gastronomía del país, pero hoy también se elaboran otros productos, como la cerveza, que tienen gran aceptación. La Rana Dorada es una de las más reputadas tanto por los panameños como por los visitantes. Es una cerveza artesanal de gran calidad que fabrican en la capital, y a la que le añaden diferentes sabores o esencias. Podréis probarla en el establecimiento que la marca tiene abierto en la céntrica Vía Argentina. Será una manera perfecta de acabar este viaje con el mejor sabor de boca.


Más información en Turismo de Panamá
www.visitpanama.com
www.atp.gob.pa


 

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