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Un lago para tocar el cielo

Entre montañas, y a orillas de un gran lago, el hotel Hanabanilla es esa combinación perfecta de paisaje, leyendas y los tesoros más autóctonos de la región central de Cuba. Una tentación única que invita a preparar maletas sin pensarlo dos veces.

 

Digamos que el lago es su mayor atracción. Y las montañas que lo rodean el espacio ideal para la aventura. Mezcla perfecta de la calma y las fuertes emociones camino adentro hacia un  bosque sin igual, que marcan un ícono del turismo de naturaleza en el mismo centro de Cuba.

El Hanabanilla, del Grupo Hotelero Islazul, en su nueva imagen invita a descubrir las deidades de un paisaje donde el verde y el azul se funden en misterios y leyendas, sonidos y sabores, a tono con este pintoresco lugar.

Ya el trocito de caña de azúcar decorando, el coctel de bienvenida es un primer signo campestre, presente en cada área de esta confortable instalación que cuenta con 125 habitaciones estándar, remodeladas y acondicionadas recientemente  por los 40 años de existencia.

Una marca lo identifica: Mas Natura

Limpieza, decoración natural, platos típicos, servicio de Wifi y acogedoras áreas exteriores de esparcimiento realzan sus atractivos.

Pero el hotel Hanabanilla es solo para pernoctar. Su mayor atractivo son las excursiones a través del lago en busca de parajes insólitos que invitan con el deleite panorámico desde el balcón de cada una de las habitaciones.

Hasta la Casa de Tony se llega por lancha a conocer cómo viven los campesinos lugareños. Luis y Natividad son los anfitriones. Un rancho o casa típica os acoge para degustar frutos de estación y el café criollo de la zona rico, fuerte y preparado al estilo manual con una coladora de tela y vasija de aluminio.

Degustar directo del arbusto guayabas, mangos, limas y limones es algo que disfrutan los visitantes, en su mayoría procedentes de Alemania, Canadá, Francia e Inglaterra, y a quienes sorprende además que hasta allí llegue el servicio de electricidad y que ese sitio remoto del grupo montañoso Escambray tenga tan cerca, en el poblado Hanabanilla a unas remadas de distancia, atención médica de primera calidad y una escuela con servicio de embarcación para los niños que bajan cada mañana desde sus casas en lo alto de las lomas.

No son tierras fértiles para el cultivo, sino más binen arenosas y ricas en minerales, tan genuinas para producir más bien viandas y vegetales, lo que junto a la cría de animales de patio y un pequeño panal de abejas para degustar una probadita, develan un modo de vida sencillo y hospitalario.

Más allá, cerca de las márgenes del Río Negro que desemboca en el lago, un restaurante de construcción rústica es el colofón de cualquiera de los siete senderos a escalar en compañía de guardabosques y guías, hasta sitios casi mágicos como la Cascada Bella, El Salto de el Nicho, Los Helechos o Topes de Collantes, en sombrìo andar entre el espesor de una vegetación de abundantes palmeras, cedros, majaguas y algarrobos y el trinar del Tocororo (ave nacional),la Chinchila, el Carpintero, la cotorra o el casmao.

En la voz de la dirección del hotel Hanabanilla encontramos los próximos retos: desarrollar los deportes náuticos y acercarse cada vez más a los estándares del  turismo natural con un compromiso eterno con el entorno, un servicio de primera y la filosofía de lograr una estancia cada vez más familiar.

Los turoperadores cubanos Gaviota, Cubanacán y Ecotur abren las primeras puertas para llegar a este bello y acogedor sitio que no por casualidad hoy tiene un alto índice de ocupación. 

Allí, junto al lago, que según la leyenda tapa a un pueblo hundido, el hotel Hanabanilla es ese enclave símbolo de la cultura del bienestar.

Variadas y excitantes excursiones a cayos vírgenes, pesca, observación de estrellas de mar e inmersiones, son otras de las actividades que se ofrecen en este lugar. Esa mezcla de patrimonio y naturaleza salvaje hace de Camagüey un destino turístico prometedor que cautiva al visitante.

Texto y fotos: Valentín Rodríguez y OT Cuba

Los cayos e islotes de Jardines del Rey se abren como puertas al paraíso a lo largo del litoral norte cubano. Este onírico lugar, destino ideal para el ocio, aviva sueños, fantasías y deseos de aventuras. Fue Cristóbal Colón quien bautizó esta cayería como archipiélago Jardines del Rey en honor a Fernando el Católico.

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